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Capitulo 14

 

Mía Grey está de nuevo en la ciudad. Lo sé, escuche al jefe cuando  atendió su Black Berry mientras hablaba con ella, realmente hablaba con el mismo efecto de un tsunami, arrasando todo a su paso. Creo ver al jefe estremecerse, reflejando casi una mueca de dolor, y sé tiene un umbral de dolor muy alto, a pesar de que llega a desesperarle muchas veces, el apenas la regaña, aunque de todas formas tampoco le vale de mucho. Nadie puede con el huracán Mía Grey. Tengo entendido que el jefe va ir a  recogerla al aeropuerto, su vuelo llega mañana por la mañana temprano. Ya estoy temblando por la llegada de la Srta. Grey. Mejor él que yo.

 

Así que la mañana del sábado ya apareciendo la aurora, el jefe va rumbo al Sea-Tac para recogerla y llevarla hasta donde sus padres en Bellevue. Se ha llevado la camioneta en el supuesto caso de que traiga demasiado equipaje.

 

Estoy tan jodidamente contento de que no me ha pedido conducir hoy. Prefiero andar a pie y clavarme un tenedor en el ojo antes que escuchar a su hermana a todo volumen a estas horas de la mañana.

 

Pero de repente, sonrío para mis adentros al sentir la tibieza del cuerpo de Gail junto al mío,  es todo un lujo  poco común y muy bienvenido después de la semana pasada. Sólo estoy pensando que es una lástima  dejar  perder mi habitual erección matutina,  cuando sus ojos parpadean abiertos.

 

_ Hola,  ojos azules. Ella me sonríe.

 

_ Jason Taylor, creo que estás contento de verme, me dice al sentir lo que está presionando contra su muslo.

 

Sí, y eso es suficiente conversación por ahora. No puedo perder el tiempo…y me adentro en mi mejor misión: explorar el cuerpo de Gail.

 

Horas más tarde (bueno eso decimos los hombres)… un poco más tarde los dos estamos saciados sobre nuestras espaldas. Gail está sin aliento y yo con una sonrisa de mierda en la cara.

 

_ Creo que voy a cancelar mis clases de Pilates, dice por fin, todavía sin aliento.

 

_ Yo no sé para qué vas a esas clases cuando me tienes para mantenerte en forma bebé.

 

_ Porque soy mayor que tú Jason, si quiero tener esperanzas de mantenerte el ritmo…

 

_ Nena para mí eres perfecta.

 

¡Por Dios esta mujer no sabe tomar un cumplido!

 

_ Lo digo en serio ¿Por qué habría siquiera mirar a otra mujer cuando te tengo a ti?

 

Ella niega con la cabeza, como si mi pregunta la desconcertara. Pero es verdad: después de haber estado casado con la perra, mi ex esposa, yo sé de lo que estoy hablando.

 

_ Como te decía, comienza a cambiar el tema. Yo quería preguntarte acerca de la señorita Steele.

 

_ ¿Qué pasa con ella?

 

_ Bueno ¿cuál es tu opinión sobre ella?

 

Por qué las mujeres están intrigadas por otras mujeres? Para mí es un misterio completo.

 

_ Ella me parece buena, normal, ya sabes. Ella tiene al jefe saltando a través de los aros. El pobre diablo no sabe si viene o va.

 

_ Esto sin duda hace un cambio, me dice sonriendo.

 

_ Sí, así es. Pero en serio es una pesadilla de mierda en este momento. En un minuto esta esperando los violines tocar  y al día siguiente está mordiendo la cabeza de algún pobre tonto que respiraba sin su permiso.

 

_ ¡Ha mi nunca me ha gritado!

 

_ ¡Ni que se atreva! Le respondo con una mueca.

 

Gail se ríe, sí, ella siempre se ríe de mí. De alguna manera no parece importarle.

 

_ ¿Así que realmente crees que le gusta esta chica, Ana?

_ Locamente enamorado de mierda, en mi humilde opinión, Sra. Jones.

 

_ ¡Jason! Tú no conoces la humildad ni te has tropezado con ella.

 

_ Puedo ser humilde.

 

_ Oh, Jason, que se derrita la Antártida es más probable.

 

Lo que tú digas.

 

_ ¿Crees que ella ama el Sr. Grey?

 

Y esa es la parte de la que no estoy seguro. Ciertamente él le gusta mucho, pero a veces hay una mirada en sus ojos que me dice que está destrozada por dentro. Como que no puede adivinar lo que la hace sentir de esa manera. Tal vez, teme que él la deje,  digo finalmente.

 

_ ¡Oh, Dios mío!, dice Gail, y ella parece descontenta al escuchar mis palabras.

 

_ ¿Por qué  te molesta?

 

_ Bueno, es que… en realidad  no es de mi incumbencia…

 

_ Escúpelo fuera, Gail.

 

_ Creo saber y tengo la firme sospecha de que ella era  virgen,  hasta que conoció al Sr. Grey, hasta el fin de semana pasado en realidad.

 

_ ¿Cómo? ¿Qué? ¿Cómo lo sabes?

 

Estoy aturdido. Muy, pero que muy aturdido. Jodidamente traumatizado, diría yo.

 

Gail se ve preocupada.

 

_ Tres buenas preguntas, Jason.

_ ¿Y las respuestas son?

_ Encontré sangre en las sábanas…

_ Y si él se corto al  afeitarse. ¡Gran cosa!

_ No,  no hombre, ¡cómo crees!

_ Más abajo… en las sábanas de su cama.

_ Oh. Me estoy imaginando.

_ Podría haber sido sólo… ya sabes… cosas de mujer…

_ Tú  sabes, Jason, realmente vas a tener que ser capaz de decir la palabra periodo en algún momento, tienes una hija después de todo.

 

Realmente,  no quiero pensar en eso.

 

_ Pero tienes razón, continúa.

_ Yo no lo sé. Llámalo intuición.

_ Bueno, está bien, ella es una virgen… era una virgen. ¿Importa?

 

Ella me mira como si acabara de bajar en paracaídas desde Marte.

 

_ ¡Por supuesto que importa! Quiero decir, ya sabes cómo es… lo que hace en la sala de juegos.

 

Sí, lo sé, y no me gusta mucho tampoco.

 

_ Gail, puede ser… sin experiencia… pero es una mujer adulta. Creo que todas nacéis sabiendo cómo dirigir a un hombre por su polla, pero lo que si te  digo, es que ella es la que manda en esta relación. Ella le telefonea o manda e-mails  y él  deja  todo y sale  corriendo tras ella. ¡Demonios, ni siquiera hace eso por su propia familia!

 

Se ve un poco más feliz. Ya está bien. Porque estoy harto de hablar del jefe,  ¿es que no tenemos nuestras propias vidas que vivir la de él también? Y con ese pensamiento en mente, agacho la cabeza bajo las sábanas y muestro a mi mujer una o dos cosas sobre lo que nunca debe olvidar jamás.

Domingo por la mañana, Gail me echa de la cama y me ordena ir a trabajar. ¡Por el amor dios! ya tengo un jefe, no necesito otro. A menos que, por supuesto, ella se decida y se comprometa a casarse conmigo. Todavía estoy trabajando en ese proyecto.

 

Pero está bien, me levanto a regañadientes de la cama, me ducho y me afeito cuando veo al jefe dirigirse al garaje subterráneo. Me pongo en posición firme cuando él sale del ascensor.

 

_ Buenos días, señor.

 

_ Taylor, hoy espero a la Srta. Steele a la 1pm. Le he dado el código del garaje  y del ascensor, pero mantente en alerta en caso de que tenga algún problema. Y a la 1:30pm estoy esperando a la  Dra. Greene. Hazla pasar y llévala a la habitación de la Srta. Steele.

 

_ Sí, señor.

 

No puedo dejar de preguntarme  para qué es el médico. Supongo que no quiero saber.

 

 

Durante toda la mañana el está tan nervioso como una caja de ranas, es jodidamente molesto. Si no fuera mi jefe le diría que se tomara un descafeinado o una ducha fría. Pero a las 12:59 coge el Seattle Times y se sienta en su sofá leyendo una sección y actúa como si estuviera totalmente a gusto y relajado. Todo es cuestión de que nunca dejes que nadie sepa cómo te encuentras en tu interior. Gail es la excepción de la regla para mí, la única cosa que  me dijo el maldito inútil de mi padre fue que nunca le mostrara a la perra de mi ex como me sentía, aunque sinceramente nunca me fue de utilidad.

 

La Srta. Steele llega a tiempo. Ella conduce hasta la plaza de garaje su Audi A3 rojo. Lleva el mismo vestido púrpura que llevaba en el Heathman, el día que huyó de él.  Si yo fuera él, que, gracias a la mierda no lo soy, le compraría un vestido nuevo, maldita sea. No es que ella no se vea bien, porque ella se ve sexy. Yo sólo espero que no sea un presagio. No creo que pueda soportar esos días de espera si ella lo deja de nuevo, no quiero buscar un nuevo puesto de trabajo en estos momentos.

 

_ Buenas tardes, Srta. Steele.

 

_ Oh, por favor llámeme Ana.

 

No puedo evitar sonreírla, es una niña dulce.

 

_ Ana.  El Sr. Grey está esperándola.

 

Y tengo muchas expectativas y espero que se puedan cumplir, tener una vida tranquila y mantener mi trabajo por un tiempo más.

 

Ella entra en la habitación, vacilante. El jefe no puede apartar los ojos de ella y a ella le pasa igual. Me dirijo de nuevo a mi oficina a esperar que no entre ninguna jodida llamada urgente. Realmente no quiero interrumpir lo que podría estar pasando, hacia abajo o hacia arriba. Y en realidad es hora de tirar una moneda, cara o cruz, para ver si van a ser capaces de esperar hasta después de que el médico se haya ido o se rasgan las ropas antes de que llegue. Les urge, conseguir una habitaciónOh, espera, él vive aquí.

 

Entonces, la buena doctora llega, una rubia que está a la misma altura que Gail, ese tipo de mujer exuberante. ¿Qué clase de médico es ella? Tal vez ella es una terapeuta sexual. Eso tendría un retorcido sentido.

 

Pero cuando entro a la habitación principal para anunciar la llegada del médico, ellos se están frunciendo el ceño el uno al otro de una manera que me trae recuerdos desagradables de mi matrimonio.

 

_ La  Dra. Greene está aquí, señor.

 

_ Enséñale la habitación de la Srta. Steele.

 

Entonces le oigo susurrar a ella:

 

_ ¿Lista para la anticoncepción?

 

¡Qué obsesión por el control de mierda! ¡No puedo creer que ella aguante con toda mierda! Y me pregunto si mi evaluación de la Srta. Steele podría haber sido un poco precipitada. Para ser justos, sé por lo poco que Gail me ha dicho que todas esas pastillas y esas cosas no son baratas de conseguir. Sólo he comprado gomas, así que es un área de inteligencia que se me pasó por completo y no me arrepiento de eso.

 

Mientras la señorita Steele está siendo vista, el jefe me informa que no me necesitará hasta 7.00pm para llevarle a él y  a la Srta. Steele a casa de sus padres, para la cena.

 

Estoy conmocionado. ¿Cena en  casa de sus padres? Bueno, supongo que ya saben que no es gay. Lo cual es un alivio, ya he tenido suficiente de la señorita Mía Grey haciéndome  preguntas importantes como si me gusta o no Abba, qué si no he visto la película Mama Mía, su idea de una broma. De hecho, su broma me ha seguido en uno de esos fines de semana desafortunadamente raros cuando fui invitado por las hermanas de Gail. ¿Qué coño estaba haciendo James Bond, el agente 007 de todos los tiempos cantando desafinadamente en un musical? Eso no se puede entender.

 

Pero antes de ir  a Bellevue, a ver a sus padres y celebrar la heterosexualidad de su hijo, tengo una idea bastante acertada de lo que van a hacer en las próximas cinco horas. Pobre chica, espero que esté en forma.

 

 

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