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Capítulo 9

 

Lo último que me apetece hacer es conducir a Bellevue después de ver a  Elena en el hospital, pero le dije a mi mamá que lo haría. Y es hora de enfrentarme a papá. No hemos hablado desde que le dije que me retiraba de Harvard.

 

Mía me recibe en la puerta y se lanza sobre mí.

 

_ ¡Estoy tan molesta contigo, Christian!, dice con fuerza. Mamá y papá también están molestos. ¿Y por qué no has contestado mis mensajes? Yo no te he hecho nada  ¿Por qué eres tan malo? No sé qué decir a eso.

 

_ ¿Me dejas entrar o simplemente me vas a gritar aquí? le digo medio sonriendo.

 

Ella pone mala cara y  cruza de brazos. _ No lo he decidido aún.

 

Pero ella me atrae al lado de ella y tira de mi mano para llevarme a la sala de estar.

 

_ Hola, cariño. Mamá está de pie, mirando medio tensa.

 

_ Hola mamá.

_ Te ves tan cansado, querido. Estoy segura de que debes de haber estado trabajando mucho. Todo lo que estás haciendo…

 

_ Estoy bien mamá no te preocupes por mí.

 

Ella frunce el ceño. _ Yo soy tu madre, Christian. Está en mi trabajo  preocuparme por ti, por Mía y por Elliot.

 

_ Pero Christian no te da tanto problema como yo, ¿verdad, mamá? Insiste Mía, haciendo reír a mamá. Estoy empezando a relajarme cuando mi papá camina directo hacia mí. La temperatura de la habitación desciende varios grados.

 

_ Christian.

 

_ Papá.

 

_ ¿Cómo estás?

 

_ Estoy bien.

 

_ Me gustaría hablar contigo, en mi estudio.

 

_ Ahora no, Cary, dice mamá, con una nota de urgencia en su voz. Papá no le hace caso y creo que tiene razón, tenemos que hacer esto, salir de esto de una vez.

 

_ Está bien, mamá, le digo y me pongo de pie para seguirlo a su estudio.

 

Él me señala el asiento y se recuesta en su silla, tratando de parecer casual, pero no puede ocultar la tensión en su mandíbula.

 

_ He recibido una carta de tu tutor personal en Harvard.

 

_ ¿La profesora Mathers? Le hago un gesto de perplejidad. ¿Por qué ella le habrá escrito a mi papá? Oh, ya me imagino.

 

_ Me ha… intrigado.  Eso me parece una elección extraña de palabras. Me quedo mirándolo  impasible, observándole perplejo, tratando de llegar a su punto.

 

_ Ella estaba preocupada por ti por tu repentina decisión de abandonar… pero… más que eso… Hace una pausa y respira profundo.

 

_ Su preocupación alude a ciertos comportamientos de riesgo. Me gustaría mucho saber a qué se refiere con eso.

 

_ ¡Carajo! Tal vez será mejor que le preguntes a ella.

 

_ Te lo estoy preguntado a ti Christian. ¿Estás… bien?

 

_ Estoy bien, papá. Más que bien. He comprado una empresa de telecomunicaciones y todo va bien.  No tienes que preocuparte por mí.

 

_ ¡Christian! Soy tu padre, por supuesto que me preocupo por ti. Eso no va a cambiar, no importa la edad que tengas. Yo… no le he  mostrado esta carta a su madre. Yo no quiero que se preocupe. Si pudiera… me tranquiliza que realmente estés bien… Yo no entiendo por qué te retiraste de Harvard, y luego, esta carta… pensé que era… como antes… toda la lucha…  Se pasa la mano por la cara como si estuviera tratando de mandar lejos los recuerdos. Me siento como una mierda haciendo esto para él. Una vez más.

 

_ Papá, no sé qué decirte. Harvard no era para mí. Estoy bien, mejor que bien. Estoy haciendo lo que quiero… lo que necesito hacer. Soy bueno en esto papá.

 

_ ¿En serio no me estás diciendo sólo lo que quiero escuchar?

 

_ No.

 

_ Y este comportamiento ¿toma de riesgos?

_ La profesora Mathers está equivocada.

 

Se ve aliviado, pero puedo decir que no está completamente convencido.

 

_ ¿Eso es todo? joder quiero terminar esta conversación. Me siento incómodo.

 

_ Bueno, hay una cosa más… Puedo tratar de controlar mi temperamento, pero siento que me estoy desgastando.

 

_ Yo… yo quería disculparme por lo que te dije la última vez que estuviste aquí. Tu madre me ha arrastrado sobre las brasas, sonríe con cariño, y te aseguro que no es un lugar cómodo para estar, confía en mí. Pero ella tiene razón por las cosas que dije, oscurece su expresión. Mis palabras fueron crueles y falsas. Siempre estaré aquí para ti, Christian. Espero que sepas eso.  La emoción que se torna en la habitación es más de lo que esperaba. Me paro de inmediato.

 

_ Estoy bien papá por favor tranquiliza a mamá. Él asiente con la cabeza. Él entiende que no me gusta emocionarme. No puedo. No soy yo.

 

No estoy sorprendido de ver a Mía esperándome afuera ansiosa.

 

_ ¿Tú y papá lo arreglaron? ¿Christian? ¡Por favor dime!

Ella envuelve sus brazos alrededor de mi cintura y apoya la cabeza en mi pecho. _ Te he extrañado, Christian. Estoy muy enfadada contigo. Mamá también.

 

_ ¿Hay alguien que no esté enojado conmigo?

 

_  No lo creo, me dice riendo, pero me alegro de que estés aquí. ¿Vas a jugar conmigo más tarde?

 

_ No lo sé, Mía. No creo que me quede mucho tiempo.

 

Ella pone mala cara. Eres tan maluco Christian. ¿Cómo puedes ser tan cruel? Y sus palabras me perforan porque en el fondo sé que tiene razón, yo no tengo un corazón. Entonces, ¿por qué me duele tanto cuando ella me dice esas cosas?

Nos las arreglamos para tener una cena agradable y familiar. Mamá dirige la conversación hacia territorio neutral. Sólo hay un momento incómodo cuando Mía menciona a Elena.

 

_ ¡Todo el mundo está diciendo que Linc la consiguió con otro hombre!, dice Mía, en voz baja pero emocionada.

 

_ ¡Mía, de verdad!  Dice mamá.

 

_ ¡Lily lo escuchó de su madre, por lo que debe ser cierto! Ella y Elena, la señora Lincoln, son totalmente unidas. ¿Crees que sea alguien que conozcamos, alguien de Bellevue?

 

Estuve a punto de ahogarme y rápidamente tomé un vaso de agua.

 

_ Estoy segura de que es una tontería, querida, dice mamá, con frialdad. Nosotros no vamos a perpetuar los chismes en esta casa. Y ciertamente no es una conversación adecuada para la cena.

 

Gracias por esa mierda, mamá.

 

Elliot comienza a ser el centro de atención cuando nos estamos tomando el café. La noticia de que ha dejado el trabajo y está formando su propia compañía “Construcciones Grey” es ahora el punto de conversación. Mía se lanza sobre él y papá suelta su primera sonrisa genuina en toda la noche y ofrece un brindis. Me alegro de que el foco de atención se haya alejado de mí.

Antes de irme mamá logra convencerme de venir a la recaudación de fondos anual el próximo sábado. Es una especie de tradición. Con el fin de mantener la buena relación con mi papá, estoy de acuerdo. Siempre ha sido su fecha para estos eventos y ella no está lista para dejarme solo aún.

Pero ya he tenido suficiente tiempo para la familia, así que ahora puedo salir  rápidamente. Después de toda la mierda de esta noche, siento que mis emociones están tan agitadas como una montaña rusa, realmente necesito desahogarme y sólo hay una manera en que sé hacerlo.

De regreso a mi apartamento, me pongo unos vaqueros y una camiseta y me voy al club. La encargada me reconoce.

 

_ Hola Bronce, dice ella, sus ojos se iluminaron como si hubiese en frente de ella un puñado de billetes de cien dólares.

 

_ Estaba empezando a pensar que no volvería a verte. Pero aquí estás. Entonces, ¿qué podemos hacer por ti esta noche? ¿Jóvenes, viejas, rubia, morenas? Incluso tenemos una pelirroja esta noche, como tú, guapo. Y hay un par de chicos que estarían haciendo cola para un hombre de tus… talentos. ¿Cuál es tu veneno, bronce?

 

_ Hombres no.

 

_ ¿En serio? Ellos podrían pagar bien. Muy bien. Sacudo la cabeza, molesto.

 

_ Está bien, sólo mujeres  entonces.

 

_ Sólo morenas. Me gustan las morenas.

 

_ Lo tienes, Bronce, aunque habrá algunas nenas frustradas en la casa. Sígueme.

 

Ella me lleva a través de la multitud de bailarines pulsantes y bebedores a las habitaciones privadas, reservadas para los clientes con mis gustos propios especiales. A la primera habitación que me lleva está una mujer con el pelo castaño y corto está recostada en un chaise longue. Sus ojos se ven vidriosos y desenfocados.

 

_ ¿Qué se ha tomado?

 

_ Sólo un poco de calmante Bronce. Nada por lo que debas preocuparte. Ella está un poco nueva y necesitaba tomarse algo para poder entrar en escena ¿entiendes? Niego con la cabeza.

 

_ ¿Qué te pasa, Bronce?

 

_ No quiero principiantes. No quiero putas amateurs que me griten la palabra de seguridad en dos minutos de mierda.  Una sonrisa renuente cruza su rostro duro.

 

_ ¿Quieres oscuro, bronce? Estamos para atender a todos los gustos.

 

Ella me lleva por el pasillo, pasando por una puerta contraincendios que ha sido cerrada con candado. Una pequeña parte de mi cerebro registra molestia, porque esto es una medida de seguridad básica y la regulación del fuego ha sido burlada, pero hay una parte mucho más grande  en mi cerebro que me pone a arder de deseo y mi polla está luchando contra mis pantalones vaqueros, nada más entrar por este sitio. Al final del pasillo sombrío me apunta hacia una habitación pequeña.

 

_ Cincuenta y siete variedades de Bronce, dice, con una sonrisa fría subrayando los duros planos de su cara.

 

La mujer en el interior es de unos cincuenta años. No me doy cuenta de que ella está desnuda en un primer momento, porque su cuerpo está cubierto de tatuajes. Su cabello castaño cuelga en una larga trenza sobre el hombro.

 

_ Missy, este es Bronce, dice la encargada.  Él dice que le gusta lo oscuro, ¿estás interesada?

 

Missy me ve y siento mi ira presente cuando ella me mira insolente pasando sus ojos por mi cuerpo como un rastrillo.

 

_ No lo sé, Sarah, parece un poco joven. ¿Cuánto tiempo has estado en la escena, Bronce?

 

_ No es tu puto asunto, le gruño.

 

Y entonces ella sonríe. Y me hierve más la sangre y mi mirada se clava en sus ojos con una furia que hace que su sonrisa se desvanezca.

 

_ Sí, susurra.

 

La encargada cierra  la puerta sin hacer ruido y me dirijo hacia la mujer, llevándola hasta las rodillas con la expresión de mi cara.

Dos horas más tarde y bañado en sudor, me visto lentamente. Algo de la tensión de las últimas 24 horas he aliviado. He colocado en su lugar los dos bastones y el flogger en el rack y he anudado los condones usados y los puse en mi bolsillo. Tengo cuidado, siempre debo ser muy cuidadoso. Elena me enseñó eso, algunas mujeres tendrán el esperma del hombre para utilizarlo más adelante si les gusta el tipo. No voy a tener ninguno de mis pequeños bastardos corriendo por ahí, dejando mi ADN jodido en ellos. Así que soy cuidadoso.

Missy sigue tumbada sin aliento sobre el banco de azotes. No me gustan sus tatuajes, me hubiese gustado ver los cambios que he pintado  en su piel con la caña, no esa mierda gótica con la que está cubierta. Recupero mi CD de Philip Glass y salgo de la habitación sin mirar atrás. Esta vez no estoy sorprendido de ver a la encargada que me esperaba. Ella mira hacia la habitación.

 

_ Otra cliente satisfecha, Bronce. ¿Sabes?, podrías ganar un montón más con un contrato de exclusividad en este club. Ya me imagino ver a clientes haciendo cola alrededor de la manzana para estar contigo.

 

Que divertido. ¿Quién podría creer que hay tanta gente, tan jodida como yo en una ciudad del tamaño de Seattle?

 

_ ¿Estás interesado guapo?

_ No. Ella se ve molesta.

 

_ Mira, no me gusta a lo que estás jugando  Bronce. ¿Qué tan estable eres? ¿O estás tratando de robar mis clientes? ¿Vienes de parte de Carter? ¿O de O’Brien?

 

Antes de que pueda responder, dos pesos pesados han bloqueado la salida al pasillo y me acuerdo de que la salida de incendios tiene candado. Para poder salir voy a tener que ir a través de ellos. De pronto las palabras de mi padre suenan en mis oídos: ¿este comportamiento no te traerá riesgos? La idea casi me hace sonreír.

 

_ Soy libre. Yo no jodo con nadie.

 

_ Entonces te sugiero que consideres tu posición, dice ella, con un borde peligroso en la voz. Te puedo ofrecer buenos términos, Bronce. No encontrarás una oferta mejor, te lo prometo. Su tono se suaviza un poco. ¿Por qué no vienes a mi oficina para hablar de ello?  Mi cerebro está trabajando a toda velocidad, la adrenalina recorre a través de mí. El pasillo es demasiado estrecho y si trato de correr más allá de los cuidadores, me van a joder seriamente. Decido seguir el juego.

 

_ Muy bien, vamos a tu oficina.

 

Ella sonríe en señal de triunfo y la sigo de vuelta a lo largo del pasillo y dejamos atrás a los pesos pesados. Ella me lleva a través de la pista de baile con sus clientes pavoneándose y mostrando todo lo que pueden.  Veo mi oportunidad de salir. Antes de que ella se dé cuenta de lo que está pasando, me aparto y salgo por la puerta rápidamente. De ninguna manera su gente será capaz de agarrarme ahora.

Cuando estoy a cuatro cuadras me detengo a un trote. Sé que no puedo volver allí por lo que ella me ha dicho, la escena que sucedió en el club para alguien con mis necesidades especiales se reduce a tres proveedores por lo que oí. No, no puedo correr ese riesgo de nuevo. Voy a tener que pensar en otra solución. Deben haber otros como yo por ahí, otros que no entran en los clubes. Si pudiera encontrar una sub con mis propios términos. Al igual que Elena lo hizo. No. No como Elena lo hizo, nunca como ella.

Bueno, yo soy un puto genio así que yo debería ser capaz de hacer algo.

 

≈≈≈≈≈

 

Me quedo mirando mi reflejo en el espejo de mi apartamento con disgusto. Decido dejar el corbatín negro suelto hasta que llegue a Bellevue.

Mía me ha estado llamando cada hora durante todo el día para asegurarse de que yo vaya a la gala. Es jodidamente irritante, ya le dije mil veces que iba a estar allí. Ha llegado incluso a hacer arreglos para que vaya a buscar a Elliot y su última novia, así que tengo que ir. Pero también significa que voy a tener que quedarme hasta tarde, hasta que Elliot esté listo para irse. Una sonrisa de admiración a regañadientes se me cruza por la cara. ¡Mía! Ella va a ser una empresaria prometedora algún día. Ella es la única persona que conozco que puede obligarme a hacer algo que no quiero hacer. A parte de Elena…

 

Elena está fuera del hospital. Mamá me dijo que ella se está quedando en su casa mientras que Linc está utilizando un hotel en la ciudad hasta que el divorcio se resuelva, no será largo. Al parecer todo ha sido ordenado “amigablemente”, lo que leyendo entre líneas, significa que Elena no entregará a Linc a la policía por joderla y a ella le darán la casa y todo lo que ella pidió según el acuerdo que hicieron. A cambio, él la deja ir tranquilamente.

Mi estado de ánimo se pone de manifiesto pensando toda esta mierda y estoy de un humor horrible cuando llego frente al apartamento de Elliot y pulso el intercomunicador.

 

_ ¡Oye, hermanito, sube un momento!

 

_ ¡Elliot! Simplemente mueve tu culo hasta aquí, tenemos que irnos ahora o vamos a llegar tarde.

 

En lugar de bajar me abre la puerta. Elliot es incapaz de llegar a tiempo a cualquier parte. Y él sabe que eso me enoja muchísimo. Odio llegar tarde.

Subo y me abre la puerta la novia, la miro y veo como sus pupilas se dilatan y sus mejillas se sonrojan. ¡Contrólate por el amor de Dios! es sólo una cara. Me pregunto si Elliot alguna vez encontrará una mujer cuyo coeficiente intelectual es mayor que el tamaño de su zapato.

 

_ Hola, soy Christian Grey, el hermano de Elliot.

 

Le extiendo mi mano para hacerla temblar y ella la toma sin fuerzas, una risa irritante que deja escapar de su boca pintada de rojo. ¡Uff bien lejos con eso!

 

_ Soy Connie. Elliot me ha contado todo sobre ti. Tengo serias dudas de qué le habrá dicho.

 

Resulta que ella es una pasante en la empresa de Elliot. Niego con la cabeza, pensé que Elliot era más inteligente  en eso de no mezclar negocios y placer. Pero ese es Elliot: primero folla y después piensa.

Durante un cuarto de hora tengo que escuchar sus tonterías acerca de lo divertido que es la ciudad de Seattle, aunque aparentemente no tan divertida como Santa Bárbara o su ciudad natal San Luis Obispo, que es mucho más divertida, ¡Cristo! Si vuelve a nombrar la palabra divertido voy a tener que cortarme las venas.

Cuando Elliot arrastra su culo del cuarto de baño, vestido y afeitado, por fin, mis sentimientos son cada vez más homicidas. ¿Cómo puede escuchar a esta mujer? Claro, ella es atractiva, en una especie de bomba sexy de alguna manera,  pero, Dios mío, que aburrida es.

 

_ Oye, hermanito ¿Ya conociste a mi chica?

 

_ ¡Oh, Elliot, es tan dulce! Ella dice. Sabes que mi compañera de cuarto Mónica, terminaría adorándolo. ¡Podríamos salir algún día!

 

Vuelvo la mirada a Elliot y se ve incómodo.

_ Eh… Christian no sale mucho.

 

_ ¿Por qué no?, dice ella, negándose a entender.

 

_ Ok, es hora de irnos o vamos a llegar tarde, dice Elliot, cambiando el tema con la sutileza de un camión.

 

Al salir oigo a Connie preguntarle a Elliot si soy gay, mientras que él intenta silenciarla al levantarse. Es casi gracioso.

Al llegar a mi coche Elliot ayuda a Connie a sentarse en el asiento de atrás y se desliza a su lado. Y al igual que un verdadero chofer, pongo la música y trato de no mirar en el espejo retrovisor para los próximos  veinticinco minutos que tardanos en llegar a Bellevue.

En el momento en que llegamos Connie está de color rosa y sin aliento y su lápiz de labios cuidadosamente aplicado ya no existe. Elliot me sonríe y me quedo atrás con amargura.

 

_ Tienes que arreglar tu corbata, hermanito, él sonríe.

 

Levanto una ceja y me adentro entre la multitud de los acaudalados, Connie revoloteando a un lado.

Por todas partes veo a extraños recorrer los jardines de la casa de mi familia, los hombres están vestidos de negro intenso, mientras que el brillo de las joyas de las mujeres iluminan la creciente oscuridad. Me siento más solo que de costumbre, pero la sensación no es incómoda. Miro.

_ ¡Christian! La voz de sirena de Mía me despierta de mis ensueños.

 

_ ¡Has venido!

 

Pongo los ojos en blanco.  Te dije que lo haría. Además, te resultó el plan de traer a Elliot y a la nueva.

 

_ Oh, ¿qué tal? ¿Es bonita? Apuesto a que es bonita  y ¡rubia! Siempre le gustan rubias. ¡Baila conmigo, Christian, por favor! Papá dice que está demasiado ocupado y Elliot nunca baila conmigo.

 

_ ¿Así que soy tu tercera opción? Ella me golpea ligeramente en el pecho.

 

Me inclino un poco. ¿Me haría el honor de bailar conmigo, señorita Grey?

 

Le ofrezco mi brazo.

 

_ Me encantaría, señor galán, dice riendo.

 

Y nos dirigimos a la pista de baile que se ha erigido en una glorieta grande. Antes de llegar allí estamos acosados por Lily.

 

_ ¡Hola Christian!, dice con valentía.

 

_ Lily. Mía suspira teatralmente.

 

_ Hablamos más tarde, Lily.

 

_ Oh. Ok.

 

Llevo a Mía hacia los otros bailarines que se mueven con la gran banda que toca Vuela conmigo hasta la luna.

 

_ Haz herido sus sentimientos, dice Mía.

 

_ ¿A quién?

 

_ ¡Sabes quién! ¡A Lily!

 

_ ¡Yo no le dije nada a ella!

 

_ Esa es la razón. Mía suspira de nuevo. Ella no es tan mala, Christian y ella es mi amiga.

 

_ Por eso la he saludado con un hola, le respondo con calma.

 

_ Bueno, lo menos que puedes hacer es preguntarle si quiere  bailar.

 

Siento la ira siempre presente comenzar a arder. _ ¡No!

 

_ ¿Por qué no?

 

_ Sabes por qué, Mía. Ella pone mala cara, pero no insiste.

 

Bailamos en silencio, cada uno perdido en nuestros pensamientos. Voy a bailar con mi madre y con Mía. Nadie más. Excepto Elena. Dios, solíamos bailar. El recuerdo me hace sonreír y siento que Mía se relaja en mis brazos.

 

_ ¡Mira! Ya te dije que te divertirías si venías esta noche. Estoy tan feliz de que lo hayas hecho, Christian. Te echo de menos.

 

Entonces, uno de los socios de la firma de abogados de nuestro padre nos interrumpe y se lleva a bailar a Mía lejos de mí. Bueno estoy solo otra vez.

 

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