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Capítulo 8

 

Elena está esperando fuera de mi apartamento y ella me mira cabreada. Bueno. Es importante comenzar con lo que quiero seguir.

 

_ Llegas tarde, ella gruñe mientras camino hacia ella.

 

_ ¿Y? Le digo con calma.

 

Ella parpadea hacia mí. _ No me gusta estar esperando, dice ella, la tensión en su voz es obvia.

 

_ Y sin embargo, parece que lo hiciste, Elena. Ella me mira sorprendida. Así que decido aclararle la situación a ella.

 

_ No soy más tu sumiso ¿lo recuerdas? Estás en mi apartamento, así son mis reglas una vez que cruces el umbral. Si quieres jugar, nena, yo tengo el control. Su expresión cambia a la diversión.

 

_ ¿Estás hablando en serio?

 

_ Oh, sí.

 

Hace una pausa por un momento, pensando.

 

_ ¿Vas a invitarme a entrar? ¿Señor?

 

La emoción enciende mi sangre y da un toque a mi polla con anticipación. Y quiero follarla aquí y ahora. Contra la pared. Quiero que sienta el ladrillo en su piel, en la cara, ya que la follaré duro por detrás.

Tengo que mantener en mi lugar, en el control: de esto se trata todo, de mantener el control. Soy el puto amo del control de mi persona y ahora de la de ella. Le abro la puerta de mi edificio de apartamentos y le doy un gesto para que camine delante de mí. Ella entra, con los ojos bajos. Es un viraje  jodido de la situación tenerla aquí así. Pero yo no quiero que esto pase rápido, quiero que esto dure. La quiero mendingando. Y ahí está mi rabia de nuevo: cruda y caliente. Yo no sólo quiero hacerle daño, yo la quiero rebajar, humillarla. Sé que esto no es lo adecuado en una relación  Dom /sub pero esta es Elena. Y me lo debe.

Camino detrás de ella en mi apartamento, planeando nuestra primera escena. Es una lástima que no tengo ninguna manera de suspenderla, me gustaría follar su boca mientras ella está con los ojos vendados. Por otro lado, compré algunos materiales en una ferretería camino a casa: cinta adhesiva, cuerda, bridas, velcro y algunas de esas cañas delgadas que las personas usan para apuntalar no sé qué mierda en el jardín. ¡Estoy improvisando, ok! Pero realmente voy a tener que preparar mi propia colección. Necesito unas esposas, más que todo por el simbolismo que ellas representan. La veo mirando alrededor de mi apartamento. Yo sé que no hay mucho aquí, pero su mirada de lástima realmente me enoja. Así que le doy una bofetada en su culo duro y ella salta.

_ ¡Ojos abajo! Le gruño.

 

Ella obedece inmediatamente. Sí, nena. Hay que acostumbrarse a esto.

 

_ Llevas demasiada ropa, murmuro. Quiero un striptease. Mantén los ojos hacia abajo.  Me recuesto en la cama y la miro.

 

Agarra su abrigo por los hombros y lo deja caer al suelo. Luego se quita los zapatos y desliza su falda y con un puntapié la manda lejos de ella. Mmm, ella está usando las medias. Creo que quiero dejárselas. Pero ella conoce mis gustos tan bien, que ella no las toca. En su lugar pasa sus manos hacia su camisa suave de melocotón, ella prensa la tela contra sus pechos mostrando los pezones creciendo fuerte.

Lanza la camisa al suelo y su cuerpo poco a poco se va revelando sensacionalmente. Se desabrocha el sujetador y lo toma por las tiras de sus hombros, dejándolo caer sobre la camisa. Ella baja las bragas por sus muslos y sale de ellas cuando caen en sus pies.

Hay un aire glacial en el apartamento y un escalofrío recorre todo su cuerpo. No te preocupes, Elena, te voy a calentar.

He crecido mucho observándola. Y a pesar de que hemos jugado esta escena una y mil veces con ella a cargo, esto se siente natural. Sí, este soy yo: dueño del control. Es donde quiero estar, es donde necesitamos estar.

 

_ Ven aquí.

 

Ella camina hacia mí, con los ojos aún hacia abajo, pero tiene la sensación de la emoción, la emoción de lo desconocido. Ella sabe que yo quiero herirla. Yo necesito hacerle daño y eso me excita. Dos folladores enfermos juntos, estamos hechos el uno para el otro.

Me levanto rápidamente y estoy contento de que ella da un paso repentino alejándose mí. Sí, debes tener miedo Elena. Me quito la chaqueta y luego la tiro sobre la cama.

 

_ Deshazme  la corbata. ¡Sin tocarme!

 

Coge el nudo en mi garganta y afloja suavemente, deslizando el material sedoso por debajo de mi cuello.

 

_ Ahora  utilízala  para ti y véndate los ojos.

 

Ella obedece inmediatamente, hurgando un poco con el nudo en la parte posterior. Privar a alguien de la visión no solo los hace más vulnerables, sino que los obliga a depender de sus otros sentidos.

 

_ Manos al frente.

 

Pongo juntas sus muñecas y las uno con cinta adhesiva delgada. Ella tendrá que usar pulseras durante semanas para cubrir las marcas de los verdugones que le voy a dejar.

 

_ Abre las piernas.

 

Ella obedece. Es incómodo estar así durante mucho tiempo. Lo sé.

Yo deshago mi camisa y camino hacia el cuarto de baño para tirarla en la canasta de ropa. Luego me paseo de vuelta a la habitación principal, mis zapatos fuertemente tocan en el piso de madera desnuda. Yo me los quito  y salgo de mis calcetines. Ella tendrá que trabajar más duro ahora para oírme. Me deslizo los pantalones de traje y vuelvo caminando hacia ella.

Le agarro las manos y las bajo hacia mi polla forzándola a que la toque a través de mis calzoncillos.

 

_ Realmente creo que deberías hacer algo de trabajo ahora, Elena.

 

A ella se le dificulta por la cinta adhesiva que la debe estar quemando, pero me sujeta con fuerza y comienza a mover arriba y abajo y mi cuerpo se tensa de placer.

Doy un paso lejos de ella y me quito  mis calzoncillos. Se siente bien estar libre de todo freno y me gusta el ambiente como de nevera en mi apartamento. Me siento bien para esto. Además, tengo la intención de comenzar a sudar, no importa como esté la temperatura aquí.

Paseo a su alrededor y tiro de ambos pezones duro. Su cuerpo se convulsiona casi sin control. Paso mis uñas por el pecho y por el estómago, dejando marcas débiles.

Sin previo aviso, yo la empujo sobre mi cama. Como es más baja que las normales, ella cae y pega un grito. Está medio arrodillada, media tumbada en la cama así que abofeteo su culo ¡duro!

_ ¿Quién te dio permiso para hacer ruido? Inmediatamente hace silencio.

 

Meto dos dedos dentro de ella y ella gime de placer. Yo le doy una bofetada de nuevo, esta vez más fuerte.

 

_ ¡Silencio!

 

Chupo mis dedos cuando me voy a buscar mi bastón de jardín. Hace un sonido agradable cuando silba en el aire.  La improvisación tiene sus beneficios.

 

_ Pídeme, Elena.

 

_ Caña, señor, por favor.

 

_ ¿Qué tan difícil, Elena?

 

_ Muy duro, por favor, señor.

 

_ ¿Quieres que te duela?

 

_ Sí, señor. Mucho.

Los pitos de caña caen sobre en ella y le dejo un tirón en el cuerpo, pero ella no hace ningún ruido. Le di dos los golpes en las mejillas de su culo y en ambos muslos. Puedo ver las ronchas empezar a hacer un dibujo sobre su piel bronceada. Joder, me encanta la forma en que se ve. Y me pierdo en los patrones que hago de la misma forma en que algunas personas encuentran  imágenes en las nubes.

No pasa mucho tiempo cuando estoy empezando a sudar libremente y estoy excitado, estoy en una especie de frenesí. Apenas oigo un susurro.

 

_ ¡Christian amarillo, por favor! Tarda unos segundos en llegar las palabras a mi cerebro saturado.

 

_ ¡Por favor, señor! Susurra de nuevo.

 

Y entonces suelto la caña y me pongo de rodillas detrás de ella y le meto mi polla duro por detrás, por lo que su culo expuesto canta con dolor. Una y otra vez echo toda mi frustración y  dolor, sobre todo el dolor en este acto degradante. Entonces la levanto de un tirón, forzándola contra la pared de ladrillo desnudo, presionando su cara y su pecho sobre la superficie fría. Ella corta su respiración y yo vuelvo a metérselo cogiendo el ritmo. Ella se viene en silencio, apretando a mí alrededor, pero sigo adelante hasta que mi orgasmo me lleva y me derrumba,  lo que nos obligó a caer al suelo. Salgo de ella rápidamente y siento su mueca de dolor.

 

_ Arrodíllate vamos arriba, le digo en voz baja.

 

Le cuesta subirse, obstaculizada por las muñecas atadas.

 

_ Me ensuciaste Elena. Ahora por favor límpiame. Chúpame, que quede todo limpio.

 

Ella encuentra mi erección domesticada, manchada con mi propio clímax, y ella la pone en su boca y chupa duro. Dios, me encanta cuando me chupan después de haber acabado. Siento como me lleva adentro y a fuera. Es una locura total. Tomo su cabeza con mis manos y me pongo a construir de nuevo, doblo mis caderas hasta llegar a su garganta. Soy implacable porque quiero que se trague todo, así que no paro, lo saco y lo meto a mi voluntad, quiero que por un momento su boca quede sellada con mi polla. ¡Vamos Elena chupa con fuerza! Le grito. Esto es lo que necesito, esta sensación de tener el puto control, ¡ella no me va a joder más!   Así que me dejo ir con fuerza, que se trague cada gota  mía, cuando lo hace doy un paso hacia atrás y de un jalón le quito la corbata de los ojos.  Sus párpados aletean por la luz repentina. No tengo ningunas tijeras para cortar el adhesivo así que busco un cuchillo de cocina y libero sus manos.  Ella me sonríe.

 

_ ¿Cómo fue tu primera vez, Christian? dice con picardía. Alzo las cejas en tono de burla.

 

_ ¿Tu primera vez con un Dominante? Su pregunta me hace sonreír y la veo fruncir el ceño cuando comprende.

 

_ Hiciste  esto antes ¿Cuándo?

Su tono es casi con dolor y me río a carcajadas. _ No es tu puto asunto Elena.

 

Me pongo una camiseta y mis pantalones de chándal y abro una botella de vino frío que saco de la nevera y le ofrezco una copa.

 

_ No. Tengo que volver donde Linc y me puede preguntar a dónde he estado.  Ella frunce el ceño.

 

_ Él va a adivinar al ver tu culo, le tomo el pelo.

 

Ella sonríe serenamente. ¿Crees que yo dejo que ese maldito se acerque a mí? Nuestro matrimonio ha durado hasta ahora porque ambos buscamos placeres más allá de la cama matrimonial. Gracias a Dios. Mientras, mantenemos  las apariencias.

 

_ ¿Así que él lo sabe?

 

_ No todo. No te preocupes, Christian. Tu secreto está a salvo conmigo. Su tono me da ganas de coger la caña y joderla de nuevo, pero quiero que se vaya. Realmente necesito trabajar ahora.

 

_ ¿Dónde cree él que estás? Le pregunto, con poco interés.

 

Ella voltea los ojos. _ En una noche de recaudación de fondos del Comité.

 

_ No puedo creer que él te creyó eso, es para aparentar, ¿verdad?

 

_ En realidad,  fui durante una hora, dice ella. _ Fue en casa de tu madre. Pensé que Grace se vería  bien. Ella te echa de menos.

 

Me tenso y se ríe. Ella sabe que yo  odio oírla hablar de mi familia cuando estamos así, saciados de nuestros placeres enfermos. Pero ahora puedo hacer algo al respecto.

 

_ Si alguna vez Elena,  alguna maldita vez, vuelves a hablar de mi familia, te voy a azotar y follar hasta que no puedas estar de pie.   Hablo en voz baja, con mi voz controlada. Ella se ha pasado de la raya. Oigo cuando traga su aliento y procesas las palabras que acaba de oír.

 

_ Creo que será mejor que te vayas ahora, Elena.

 

_ ¿Quieres que me vaya?

 

_ Sí. Ahora.

 

_ Ok.

Ella agarra su ropa y se viste rápidamente.

 

_ Adiós, Christian.

 

_ Adiós, Elena.

 

Ella se va sin decir nada de nuevo. Y me alegro. Quiero mi apartamento para mí solo. Necesito la paz que ofrece una vida solitaria. Abro mi portátil. El pronóstico del retorno de la inversión está mejorando ya.

 

Es martes por la tarde cuando recibí una llamada a mi celular de mi mamá.

 

_ Christian, querido. Disculpa que te moleste en el trabajo, pero ¿Puedes hablar ahora?

 

_ No es un buen momento, mamá, estoy muy ocupado.

 

_ Lo sé, cariño, pero… mira, tengo una mala noticia.

 

Mi respiración se coge en la garganta. ¿Es papá?

 

_ No, nada de eso. Tu padre está bien, Elliot, Mía todos bien.  Es Elena Lincoln, la señora a la que le trabajaste aquel verano, que me pareció que quedaste enamorado de ella, pensé que te gustaría saber.

 

_ ¿Elena? ¿La Sra. Lincoln? ¿Qué pasa con ella?

 

_ Ella tuvo algún tipo de accidente anoche. Está en el hospital. Bastante mal.

 

_ ¿Un accidente de coche?

 

_ Bueno, no, yo no conozco todos los detalles, pero tu padre está con ella ahora.

 

Estoy confundido. _ ¿Por qué mi papá está con ella? Le pregunto.

 

_ Porque… y  oigo un suave suspiro, porque la han golpeado, parece que la asaltaron. Creemos que ella conoce al agresor. Tu padre está tratando de persuadirla a presentar cargos. Hace una pausa. Bueno, pensé que te gustaría saber. No sé qué decir. Entonces mamá está hablando otra vez.

 

_ Todos te echamos  de menos, Christian, tu padre más que nadie. Por favor, di que vendrás a vernos pronto. Por favor, querido.

 

_ Ok. Voy a  al final de la tarde, le digo automáticamente.

 

_ ¿Lo harás, cariño? Oh, tu padre estará tan emocionado. Lo mismo ocurrirá con Mía. ¿Esta noche, entonces, Christian?

 

_ Sí, más tarde, mamá. Ella cuelga y me quedo mirando a mi teléfono celular. Elena. Oh, Cristo.

 

Ros se sorprende cuando le digo que me voy del trabajo temprano.

 

_ ¿Está todo bien?, pregunta con preocupación en su rostro.

 

_ Bien, murmuro sin convicción.

 

Ella no trata de iniciar una conversación, gracias a Dios, porque estoy tan jodido que solo rompiendo algo se me bajaría la presión que tengo por dentro. Estoy apenas consciente mientras conduzco al hospital. Camino en un estado de ensueño hacia la recepción. La mujer de mediana edad parpadea y se sonroja a la vez cuando me ve.

 

_ La señora Lincoln por favor y se queda ahí mirándome, ¿qué pasa con ella? Dígame dónde está Elena Lincoln, ahora me pregunta si soy de la familia. ¡Que mierda!

 

_ No, un amigo de la familia. Mi madre, la Dra. Trevelyan, me pidió que viniera a verla.

 

La mención del nombre de mi madre es un talismán para darme la información que quiero. ¿Qué maldita broma cósmica está pasando? Si mi madre se entera de la naturaleza de mis relaciones con Elena nunca me perdonará. Pero ella nunca se enterará, sobre mi cadáver de mierda.

Miro a través de la pequeña ventana de la habitación de Elena. No puedo reconocerla al ver su ojo magullado y ensangrentado delante de mí. Su cabeza está envuelta en vendas y sus ojos están cerrados por la hinchazón. Uno de los brazos tiene un yeso.

Entro en la habitación, moviéndome con tanto silencio como si fuera un penitente entrando en una iglesia, casi no puedo hablar.

 

_ ¿Elena? ¡Oh, mierda, Elena!

 

Lenta y dolorosamente  gira la cabeza hacia mí. Uno de los lados de su rostro está cubierto de vendas, el otro es una masa de carne horrible color púrpura.

 

_ ¿Christian?

 

_ Estoy aquí, Elena.

 

_ Christian.

Su voz se arrastra pero su tono es tan jodidamente agradecido.

 

_ ¿Fue Linc el que te hizo esto? Tengo que saber.

 

_ Sí, dice en voz baja.  Lo sabe, Christian. Sobre ti. Acerca de nosotros.

 

_ ¡Mierda!

 

Me pongo de pie, paseándome por la habitación, pasando mis manos por mi cabello. Voy a clavar el pellejo de ese maldito bastardo en el árbol más cercano. Lo voy a destripar. Voy a arrancarle el corazón fuera de su cadáver en descomposición, le digo.

 

_ ¡No!, dice ella en voz baja.

 

_ ¿No? ¡Voy a matar a ese hijo de puta por haberte hecho esto Elena!

 

_ No, por favor. Su voz es tan silenciosa que apenas puedo oírla.

 

_ ¿Por qué diablos no?

 

_ Porque no es lo que quiero.

 

_ ¿Por qué, por el amor de Dios? ¡Elena, el hijo de puta casi te mata! Mi voz se está volviendo demasiado fuerte, pero me parece que no puedo controlarla más.

 

Creo que está tratando de sonreír. _ Me lo merezco, dijo. No me importa, Christian. Es bueno sentir algo. No he sentido nada en tanto tiempo, sólo contigo. Sólo contigo, Christian. Ella respira profundamente y puedo ver que le duele hablar, así que escucho con atención.  Escúchame Christian, Linc me deja divorciarme de él y me da un buen arreglo, si su nombre no se menciona y si estoy de acuerdo en no procesarlo por agredirme. Ese es el trato. No negociable.

 

_ ¡Oh, Cristo, Elena!

 

_ No, Christian. Esto es lo que quiero. Por favor. Estoy tan cansada. Tan cansada. Sostengo su mano mientras se duerme.

 

Así que no puedo tocar a Linc. Todavía no. Pero la venganza es un plato que se sirve frío  y yo tengo una buena memoria de mierda. Linc podría salirse con la suya ahora pero en algún momento voy por él. Algún día.

 

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