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Capítulo 6

 

Seattle Independent Comms ahora es mío. Bueno, el 51% es mío, el otro 49% es propiedad del viejo Roberts. Me gusta, es un ser humano decente, un hombre de unos 70 años que tiene la mala suerte de tener un hijo de puta como hijo.

Daniel Roberts tiene 48 años y puedo decir que el agujero de su culo está en el suelo. Hasta ahora sólo me he reunido con los dos Roberts, padre e hijo. Y ahora que el Sr. Robert se enfermó entrego los informes diarios a la mierda de su hijo. Tú te puedes imaginar lo mucho que me desagrada este hijo de mierda. Me intriga que Roberts Junior no sea propietario de ninguna parte de la empresa. Me imagino que su padre debe saber la cagada que es.  Y me habla como si fuera un experto en lo que hace, pero sé que ni está enterado de lo que le estoy hablando. Pero yo no soy un idiota. No como Daniel S Roberts.

No les he dicho nada a mis padres sobre mis planes. Papá ha dejado bastante claro que no estaba interesado y mamá sólo se preocupará por mí. Elliot, sin embargo, está jodidamente enojado conmigo. Él sigue diciendo que llame a la casa y que mi papá está realmente arrepentido de lo que dijo. Bueno lo que sea. Mi padre puede decírmelo él mismo. Él sabe mi número. Mía me ha estado molestando con textos y correos electrónicos y dejando mensajes todos los días.  Le he contestado, pero he sido cuidadosamente neutral y no he querido darle ningún tipo de información a ella.

He encontrado un apartamento, pero no me puedo mudar hasta la próxima semana. El apartamento de Elliot por supuesto está vacío en el día y me aseguro de estar fuera en el momento que él llega. Mayormente no vuelvo a casa hasta que él esté durmiendo. Pero esa rutina ya me está volviendo loco. No puedo esperar hasta que tenga mi propio espacio.

Así que es lunes por la mañana y voy a conocer al resto del personal de SIC. Ellos recibirán una sorpresa cuando vean que tienen un nuevo jefe.  Insistí en que ninguno de los Roberts dijera a los empleados acerca de mí. Quiero ver las reacciones honestas en la cara de todos, que me permitirá saber mucho acerca de la gente que va a trabajar para mí.

Hay tres personas que debo conocer: David Rintz, Director IT; Marco Gambatti, Director de Ventas y Ros Bailey, Directora de Relaciones Públicas.

Estamos esperando en la sala de reuniones, ya me van a presentar directamente. Puedo verlos preguntándose quién soy y por qué razón han sido convocados aquí a las ocho de la mañana del lunes. El viejo Roberts me presenta y veo el asombro en sus caras. Bailey se esconde lo mejor y me mira con serenidad. Rintz parece confuso, una mirada más y voy a llegarlo a conocer cada vez mejor de lo que piensa, pero veo a Gambatti lanzando una mirada consternada hacia Roberts Junior. Interesante. Parece que pensó que estaría dirigiendo la empresa con él ahora que el viejo está fuera del cuadro.  No, mierda no.

Me presento, les digo mi nombre y que ahora soy su nuevo jefe y los cito para reunirme por separado con ellos. No me tomó mucho tiempo para darme cuenta de que Rintz es un gestor con buenas intenciones pero inepto. Ha sido ascendido más allá de su capacidad y es mucho más feliz tomando órdenes. Eso está bien por ahora, pero él no es la persona que voy a tener para hacer el trabajo. Ha trabajado para la compañía durante 22 años. Va a ser un paquete de indemnización caro y tiene menos de 52 años, no tiene muchas posibilidades de conseguir otro trabajo. Bueno tampoco es  mi problema.

Gambatti trata de hacerme creer que es uno-de-los-chicos-importantes. ¿Con quién coño cree que está tratando? Le preciso que su record de ventas es pobre y trata de salir del paso diciéndome que tiene un gran contrato con una cadena de ventas al por mayor. La verdad es que ha tratado de conseguir una cita para ver a su principal comprador y no ha logrado nada. Pura paja. Al romper su tejido de mentiras cuidadosamente construidas a pedazos, empieza a sudar. Una hora más tarde sale de mi oficina, ceniciento.

Ros Bailey es fresca, tranquila y serena y, por primera vez en esta empresa, sabe con quién coño está hablando. Su interés por la investigación, el desarrollo y la innovación es genuino. Ella tiene un buen equipo de trabajo debajo de ella, produciendo resultados impresionantes. No puedo entender por qué no está al frente de la Gerencia General, en alguna empresa internacional, ella es buena. Yo cavo un poco más profundo, ella me mantiene a raya sin romper a sudar.

Empiezo a disfrutar del tira y afloja de nuestra discusión, ella no tiene problemas para mantenerse al día conmigo, una primicia para esta empresa. Pero ya la descubrí, tiene el techo de cristal. La Sra. Bailey sufre por ser una mujer que trabaja en un sector típicamente masculino. Y, a partir de su absoluta falta de reacción hacia mí, sospecho que es gay. Esto puede sonar bastante arrogante, pero es sólo para afirmar hechos. Me doy cuenta de que muchos hijos de puta sólo están interesados en el envase bonito; para mí, esa gente significa mucho menos que la mierda. La Sra Bailey es diferente. Además me demuestra que es inteligente y capaz. Me comprometo a tener mi ojo puesto sobre ella.

Los próximos días son un torbellino de reuniones y presentaciones e informes de lectura y hojas de cálculo para analizar. Desafortunadamente Roberts Junior es el jefe de las finanzas: ¡qué idiota! su sistema, si se puede llamar así, es todo un enredo de mierda. Su pronóstico, es una ficción completa y sus planes de negocio, son bueno, una mierda también. Entre él y Gambatti, han dejado a la compañía  en caída libre.  El Sr. Roberts lo reconoce, es por eso que casi mordió mi brazo en gratitud cuando le acerqué mi oferta.

 

Para el resto de la semana trabajo 19 horas al día. Pero incluso después de eso, no puedo dormir por la noche. Mi cerebro está girando con ideas y temas, problemas y soluciones; siento que mi cabeza va a estallar ¡mierda!

 

_ Vamos, hermano, es viernes por la noche, ¡vamos a hacer algo! Elliot me aborda tan pronto como entra por la puerta.

 

_ Te ves como la mierda y nos vendría bien un trago.

 

_ No gracias, Elliot, tengo que ordenar mi ropa para mañana.

 

_ Mierda no seas un mentiroso, hermano. Sólo tienes una maleta aquí te tomará sólo cinco minutos para ordenar tus cosas. Vamos, hazme un favor, mamá ha estado insistiendo en que yo hable contigo. Ella te extraña, papá, también. Y Mía nos está volviendo locos a todos. Literalmente locos.

 

Puedo ver que no va a dejarlo ir y sé que tengo que desconectarme por unas horas, así que tomo una ducha rápida y tiro de mis pantalones vaqueros y una camiseta negra. Elliot me arrastra hacia la puerta antes de que pueda cambiar de opinión.

Vamos a un pequeño restaurante italiano cerca de su casa. La comida es buena y me pongo a descansar un poco. Elliot y yo discutimos planes para su empresa de construcción y su interés por las tecnologías alternativas. Entonces, el verdadero motivo de su insistencia en venir aquí se hace evidente.

_ Mira, mamá realmente quiere que vayas a la recaudación de fondos anual el sábado. Ella me hizo prometer que hablara contigo acerca de esto.

 

_ No puedo, Elliot, estoy demasiado ocupado.

 

_ ¿Demasiado ocupado para tu familia?

 

_ Eso es un golpe bajo.

 

_ Lo que sea. Creo que deberías venir, arreglar las cosas con papá. Por lo menos le darás la oportunidad de pedir perdón.

 

Mi poder sobre mi temperamento es más frágil de lo que yo pensaba, no necesito que nadie me diga qué hacer ¡mierda! siento furia acumulada en mí, y yo sé que tengo que salir o voy a perder más tiempo. Saco un dinero de mi cartera y lo echo en la mesa.

 

_ ¡Vamos, Christian! Elliot me llama pero yo salgo de allí.

 

Doy grandes zancadas por la calle. Quiero darle a algo, me siento tan jodidamente frustrado que  atasco mis puños en el bolsillo de mi chaqueta en caso de que alguien siquiera se le ocurra mirarme de forma incorrecta. Yo apenas noto donde voy, pero cuarenta y cinco minutos más tarde, me encuentro a un par de kilómetros de distancia del apartamento y veo un club de BDSM en el que he estado una vez con Elena.  Entro inmediatamente. La música late con fuerza y el club está lleno de D & S están vestidos con  toda la ropa de cuero esclavitud. Pero sé que la mierda grave sigue abajo. La encargada es una mujer con un corsé rojo de esclavitud, ella me aborda inmediatamente.

 

_ ¿Estás buscando un poco de acción, guapo? Asiento con la cabeza.

 

_ Tenemos un par de sum en entrenamiento que pueden adaptarse. Sígueme.

 

Las habitaciones de abajo son pequeñas, oscuras mazmorras sin ventanas, con todo el equipamiento que pudiera desear. Perfecto.

 

_ ¿Qué quieres, cariño?, me dice, tenemos rubias, morenas, viejas, jóvenes  ¿Qué estás buscando?

 

_ Morena. De pelo largo. No importa la edad, le digo rápidamente.

 

Ella me mira pensativa y me muestra  una habitación al final. Una mujer de pelo castaño cerca de la edad de Elena, está sentada leyendo un libro. Tiene el pelo con una larga trenza por la espalda, podía ser bibliotecaria, excepto por el hecho de que lleva puesto nada más que una correa de cuero. Siento que me empiezo a poner duro. No sé si es por ella o por estar mirando el juego de cañas en la pared. Oh, sí. La mujer me mira con expectación y asiente.

 

_ Ok, chico, dice la dueña. Reglas de la casa usuales: Las palabras de seguridad son amarillo y rojo. Eso es obligado, todo lo demás depende de ustedes.

 

Ella cierra la puerta detrás de ella y puedo sentir que la tensión se empieza a montar. Miro a la mujer y su dominio de sí misma comienza a fallar ante mis ojos, ella se convierte en una sumisa y baja los ojos al suelo. Me siento en mi mundo.

 

_ Arrodíllate.

 

Rápidamente se pone en el suelo. Está bien. No me gusta repetir. Camino a su alrededor, mido sus brazos, la evalúo. Ella mantiene los ojos fijos en el suelo. Yo no voy a tocarla hasta que ella esté asegurada.

 

_ Arriba. Se pone de pie.

 

_ Camina hacia la pared. Ahora puedes mirarme. Brazos por encima de tu cabeza.

 

Ella sigue mis órdenes, levantando sus manos sobre ella. Lentamente, me acerco hacia ella. Sus ojos siguen todos mis movimientos, están amplios y expectantes. Yo agarro sus muñecas y le encadeno con los puños de cuero que están en el techo. Puedo verla inclinándose como si me va a besar.

 

_ Mierda no te muevas, le siseo apretando mis dientes y de repente se detiene, un escalofrío de miedo siento pasar por ella. ¡No me intimida, señora!

 

Una vez que sus manos están aseguradas me relajo un poco. Necesito música. Yo paseo hacia el reproductor de CD y veo a través de los CDs disponibles. ¡Qué montón de mierda! Pero me aparece un disco con los Nocturnos de Chopin, ya sé que tengo que hacer. Oigo su grito de sorpresa cuando la música comienza, probablemente no es lo que esperaba. Tiene que acostumbrarse a mí, señora, nunca hago lo que se espera.

Entonces camino de vuelta, lentamente. Arrastro mis dedos por debajo de su garganta, desde la parte superior hasta llegar a su hueso púbico, lentamente. Me arrodillo delante de ella y le paso la correa de cuero por sus tobillos. El aliento se le para en la garganta y miro hacia ella y le sonrío.

 

_ ¡Oh, Dios! Susurra.

 

_ Silencio, les pido en voz baja. _ Abre las piernas para mí.

 

Ella separa muy bien sus piernas y paso los dedos por la parte interior de sus muslos y ella tiembla por mis caricias.  Entonces paso  cada grillete por sus tobillos.

 

Me quito la camiseta y deshago el botón de mis jeans, mirándola, mirándome, mirándonos. Paso mi lengua por mis dientes y veo la necesidad en sus ojos. Oh no, tenemos mucho que jugar todavía nena.

Dirijo mis ojos a través de los instrumentos en la habitación. Ignoro los floggers y las palas, demasiados mansos para entender cómo me siento esta noche. Sus ojos se deleitan con las fustas y creo que ella quiere que elija una de esas, pero ella es lo suficientemente inteligente como para no hablar. Quiero oír el silbido que hace al moverse cuando corta el aire y pienso en el sonido que hará justo cuando pique en ella. Quiero que su piel brille bajo un tono dorado bronceado bajo el toque de un experto.

 

_ ¿Qué tan difícil te gusta? le digo, burlándome de ella.

 

_ ¿Uno? Y yo bato el látigo en el aire tan cerca como puedo de su pezón izquierdo. Ella gime por mi precisión.  Se necesita una gran cantidad de tiempo y habilidad para manejar un látigo con precisión y control, es una de las razones por las que es mi instrumento de elección. Levanto mi mano otra vez.

 

_ ¿Dos? Ahora lo hago por su pezón derecho, esta vez más fuerte y ella se retuerce de placer.

 

_ ¿Tres? La punta del látigo da en la parte superior de sus muslos. Ella gime en voz alta.

 

_ Silencio le susurro. _ ¿Cuatro? Esta vez dejé que la picadura del látigo dé en su pecho izquierdo. Sus ojos parpadean abiertos y abre su boca.

 

_ ¿Cinco? Muevo la fusta hacia arriba entre sus piernas para que encaje en sus nalgas. Ella está tan encendida, mi propia excitación es más que evidente. Todavía no, nena.

 

_ ¿Seis? Esta vez el látigo realmente muerde en ella, dos, tres veces. Su cuerpo tiembla.

 

_ ¿Siete? Su hermosa piel está mostrando las marcas de mi trabajo hecho a mano y la golpeó más duro y más duro, mi respiración entrecortada cada vez y sé que mis ojos deben estar ardiendo en ella.

 

_ Amarillo… ella susurra con voz ronca.

 

Estoy ligeramente decepcionado, yo apenas estaba empezando a entrar en lo mío. Sin embargo le he dejado la piel como las rayas de un tigre.

Dejo caer el látigo y deshago la cremallera de mis pantalones vaqueros. Sus ojos sobresalen ligeramente cuando ella ve lo que vendrá después. Me quito mis vaqueros y camino hacia ella y me pongo de rodillas, agarrando sus muslos con firmeza. Empujo mi nariz en su pelo púbico: huele a un tipo de madera, como el cedro recién labrado. Ella corta su respiración cuando yo uso mi lengua para explorar a través de ella y su temblor se vuelve más pronunciado.

 

¡Oh, no!, todavía no. No tanto todavía. Me alejo y ella viene del borde del abismo. Levanto la vista hacia ella y sonrío lentamente.

 

_!Oh por favor! dice en voz baja.

 

_ Silencio le digo de nuevo y vuelvo a jugar con ella lentamente.

 

Una y otra vez la llevo hasta el borde hasta que las lágrimas caen por su rostro y sé que ella no puede aguantar mucho más.

 

_ Te puedes venir ahora, nena, le digo y paso la punta de mi lengua lentamente por su clítoris.

 

Ella se viene y va y viene y todo su cuerpo, entra en un montón de  temblores, estremeciéndose a través de ella. Su cuerpo se hunde rápidamente y la libero de sus tobillos, frotándolos suavemente con una mano, mientras que soporto su peso.

La dueña ha dejado una caja de condones en el banco de azotes.  Tomo uno y lo deslizo en mi polla, he tenido mucha práctica para hacer esto con tan solo una mano. Usted se sorprendería de las cosas que se pueden hacer con una sola mano.

 

_ Me toca a mí, cariño, le susurro a ella.  Envuelve tus piernas alrededor de mí.

 

Puedo decir que está agotada, pero no he terminado con ella todavía. Golpeo contra ella, duro y rápido. Ella se queja  en voz alta y la forma en que me estoy sintiendo yo, quiero que esto sea rápido y brutal. Martillo en ella una y otra vez y siento sus piernas temblorosas mientras se corre otra vez. Me corro dentro de ella con una estocada final.

 

¡Uff Gracias a Dios!

 

Ella se las arregla para poner sus piernas temblorosas en el suelo pero ella apenas puede mantenerse. Libero sus muñecas y caen violentamente hacia abajo. La cargo y la siento en la cama. Apenas puede abrir los ojos. La miro por un momento, con la cabeza inclinada hacia un lado, luego recojo mis pantalones vaqueros, mi camiseta y tiro de los calcetines y las botas. Estoy a punto de irme cuando escucho su voz suave.

 

_ ¿Cuál es tu nombre? Frunzo el ceño y sacudo la cabeza.

 

_ Me gustaría verte de nuevo, dice, con una sonrisa en su voz. No le respondo.

 

_ Yo te voy a llamar… Bronce, dice ella. Gracias, Bronce. Eres muy oscuro, me gusta eso en un hombre. Oh, no tienes ni idea.

 

_ Nos vemos de nuevo, espero, me susurra, y cierra los ojos.

Estoy sorprendido de ver a la dueña que está esperando afuera. ¿Ha estado ahí todo el tiempo? Supongo que es una precaución sensata porque ella no me conoce.

 

_ Espera un momento, dice. Ella mira a la habitación y habla con la mujer que parece una bibliotecaria.

 

_ Bueno, tienes un cliente muy satisfecho allí, dice la dueña escondiendo una sonrisa. Toma, esto es para ti.

 

Me entrega un sobre. Yo frunzo el ceño y lo abro. Son mil dólares en billetes de cien dólares. ¿Qué? miro hacia la dueña, aturdido.

 

_ El pago, dice ella, levantando una ceja.

 

Esto es tan jodidamente gracioso que no puedo evitar reírme a carcajadas. La dueña no entiende  mi reacción. Me mira como si yo fuera un animal salvaje que salió a pasear en su club. Meto el sobre en mi chaqueta y vago por la noche. Y pensar que yo solía creer que Elliot cobraba por follar. El pensamiento me hace sonreír.

 

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