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Capítulo 4

Elliot me está esperando en el aeropuerto.

_ ¡Oye, hermanito! ¿Cómo estás?

Nos damos la mano mientras él me sonríe. Él sabe mejor que nadie que no me gusta que me abracen. Supongo que nuestro saludo se ve demasiado formal, pero Elliot tiene toda mi confianza. Siempre.

Frunce el ceño al ver que tengo mi maleta grande conmigo. Por lo general sólo viajo con una bolsa de equipaje de mano si sólo voy a estar en casa por unos días.

_ ¿Qué está pasando, hermano?

Típico de Elliot, ir al grano. Puedo parecer estar relajado pero él no es ningún tonto.

_ No voy a volver a Harvard. Lo he dicho.

Su reacción es predecible, se ve sorprendido.

_ ¿Qué diablos? ¿Es una broma? ¿Qué ha pasado?

Le siento como suspira, pero sé que esto es sólo la versión light de lo que cómo mis padres van a reaccionar, aunque ellos probablemente no van a maldecir en ningún momento. Me imagino que ahora podría ser un buen momento para practicar lo que voy a decir.

_ No pasó nada. Simplemente es que no quiero seguir allí. Sé lo que quiero hacer con mi vida y no es pasar un año más de estudio académico.

_ ¿Estás seguro de esto? Mamá y papá van a tener una crisis, me advierte mi hermano poniendo los ojos en blanco.

_ Sí, lo sé. Niega con la cabeza y me da una palmada en el hombro.

_ Es tu funeral, sentencia soltando un suspiro.

Es tan fácil ser Elliot, es tan sencillo, lo que ves es lo que hay. No como yo, con mis retorcidas, depravadas y oscuras profundidades.  Elliot sabe que no soy normal, pero él nunca me ha querido menos por eso,  no entiendo por qué.

El estacionamiento en el aeropuerto de Seattle, el Sea-Tac, está tranquilo, así que no tenemos que esperar mucho. Durante el trayecto a Bellavue, Elliot habla de la constructora donde trabaja como gerente de proyectos.

_ Te digo, que no dudo de la calidad de la obra, el equipo es genial, pero la dirección está demasiado jodida. Intentaron comenzar los trabajos de fijación de la segunda planta, cuando aún no se habían terminado los de la primera. Parecía todo un zoológico,  los chicos se tropezaban entre sí para conseguir terminar los trabajos. Incluso algunos de ellos se molestaron. Yo sé exactamente lo que hay que hacer, pero estos gilipollas de dirección no me dejan hacer mi trabajo.

Por extraño que parezcan las palabras de Elliot, reflejan mis propios pensamientos,  yo sé lo que hay que hacer para arreglar una empresa quebrada. Lo veo, es como leer un libro… no, es más como escuchar a una orquesta y alguien toca una nota falsa. Puedo escoger entre un centenar de instrumentos, cambiar de nota, lo siento y sé cómo mierda arreglarlo.

_ Estoy pensando en comenzar mi propia empresa: Construcciones Grey, continúa Elliot. Tengo los contactos y conozco un par de buenos arquitectos y paisajistas con los que puedo trabajar. Mamá y papá dijeron que me ayudarían a ponerme en marcha… ¿me estás escuchando? ¿Por qué sonríes, hermanito?

_ Sí, te escucho, Elliot. Estoy sonriendo porque eso es exactamente lo que pretendo hacer, empezar mi propio negocio. Y principalmente por todas esas razones que tú acabas de dar.  Me lanza una mirada de sorpresa.

_ ¿En serio?

_ En serio. Además… ¿te imaginas yo trabajando para alguien? ¿Cuánto tiempo puede pasar para que les diga que tienen una mierda por  cerebro y me despidan?  Se ríe a carcajadas.

_ Buen punto, bien hecho, hermanito. Mamá y papá van a intentar persuadirte, me dice cambiando de tono.

_ Lo sé.

Puedo ver que está rumiando lo que quiere decir.

_ ¿Quieres quedarte en mi casa en la ciudad por unos días? Tengo un sofá libre… mamá y papá pueden necesitar… un poco de tiempo para…

Él no tiene por qué terminar la frase. Yo sé que tiene razón. Vamos a necesitar un poco de distancia entre nosotros.

_ Gracias, Elliot.

Él se detiene en el largo camino de entrada de nuestra casa familiar. Mi segunda familia. La de Elliot y Mía, también.

_ Voy a dejar mi maleta en el coche, le digo.

Elliot rueda los ojos.

_ Buena idea.

Mamá y papá están tan contentos de verme. Papá estrecha mi mano, con una enorme sonrisa en su rostro mientras que mamá me agarra la otra mano y me la besa un centenar de veces. Me siento como una mierda. Voy a hacerles tanto, tanto daño.

Un chillido como si un tren de mercancías se hubiera descarrilado significa que Mía se ha dado cuenta que estoy en casa. Ella viene a toda velocidad por las escaleras y se estrella contra mí. Ella es la única de mi familia que corre el riesgo de tocarme.

Ella ha vuelto a crecer. Creo que va a ser alta. La cara de palo de su amiga Lily, que está de pie en la parte superior de las escaleras, agitando sus pestañas hacia mí. Por el amor de Dios. No quiero ni verla.

_ Christian, me amonesta Mía. Di hola a Lily o ella nunca me perdonará.

Pongo los ojos en blanco y Mía se ríe de mí.

_ ¡Hola, Lily!, le digo, dándole mi sorprendida sonrisa de-no-te-había-visto.

Ella sonríe afectada y se ruboriza. Dios, que molesta es.

_ Hola, Christian, me sonríe.

Era una niña infeliz y ahora ella es una adolescente vil. Dios sabe lo que ve en ella Mía. Pero han sido amigas desde que comenzaron la escuela primaria. Mujeres, todo un completo misterio.

_ ¡Nos vemos! grita Mía, mientras corre por las escaleras.

Mamá me lleva a la pequeña sala de estar y empieza a reclamarme.

_ Te ves cansado, Christian. ¿Estuvo horrible el vuelo? ¿Quieres algo de comer? ¿Te has tomado un pequeño descanso antes de los exámenes de fin de año?

Tomo una respiración profunda. Esto es todo.

_ En realidad… yo no voy a regresar. He abandonado Harvard.

Mamá jadea luego se produce  un silencio sepulcral.

_ ¿Qué es lo que has hecho?, pregunta papá en voz baja, muy baja.

Me paso la mano por el pelo.

_ Yo no estaba aprendiendo nada nuevo, papá. Quiero empezar a vivir mi vida. Yo sé lo que quiero hacer.

_ ¿Y qué vas a hacer, si se puede saber?, dice con la voz de  abogado fríamente tranquila.

_ Quiero empezar mi propio negocio, fabricación de telecomunicaciones. Tengo un plan de negocios…

_ Vas a volver a Harvard. Fin de la historia.

_ No, papá, no voy a volver.

_ Pero, Christian, interviene mamá. Esto es una locura, estás a poco más de un año para graduarte. ¿Por qué quieres abandonar todo ahora, cariño? Mira, cualquier cosa que haya pasado, tu padre puede escribir al decano, podemos solucionarlo y…

_ No, mamá. No ha sucedido nada. Lo único  que yo quiero…

_ ¿Quieres? ¿Quieres qué?, cuestiona papá. Puedo decir que está comenzando a echar humo. Aún eres un niño. ¿Cómo vas a manejar un negocio? No tienes ninguna experiencia. El único trabajo que has tenido fue en casa de los Lincoln y las prácticas del pasado verano con mis compañeros del bufete.

_ Yo sé lo que quiero hacer, papá.

_ Bueno, te lo prohíbo.

Siento que mi esmerado control cuidadoso está empezando a desaparecer.

_ Tú no me puedes detener.

_ Yo te daré una buena jodida razón para hacerlo, me ruge.

Su tono me sorprende. No me había gritado desde que tenía 15 años y  nunca había blasfemado delante de mí. Tomo una respiración profunda.

_ Lo siento mamá, papá. Voy a estar en contacto.

_ ¡No salgas por esa maldita puerta!, me grita papá. ¡Si lo haces, eso es todo! Tu asignación, el dinero fiduciario para tu educación, ¡TODO! ¡NO VAS A RECIBIR UN CENTAVO!

_ ¡Cary!, la voz de mi madre me sorprende cuando salgo por la puerta. ¡Christian, por favor no te vayas, no así! ¡Tu padre no lo dice en serio!

Ella se aferra a mi brazo, me ruega. El rostro de Elliot está grave mientras me espera en la puerta principal.

_ Lo siento, mamá, le susurro.

La beso rápidamente y nos vamos. Caminamos hasta el coche en silencio.

_ Todo salió bien, dice Elliot.

Su ironía casi me hace sonreír. No creo que nada podría hacerme sonreír después de eso. Sé que los he lastimado.

_ Era lo que yo esperaba, le digo, sinceramente.

_ Vamos, hermano. Vamos a ir a mi casa y a emborracharnos. ¿Qué te parece?

_ Jodidamente bueno.

El apartamento de Elliot está en un edificio de ladrillos rojos que antes era un almacén. Me sorprende cómo puede tener todo en orden, Elliot no es muy doméstico. Él ve mi mirada y adivina correctamente lo que estoy pensando.

_ Tengo una ama de casa, dice. Ella trabaja para el bloque de apartamentos y hace todo, la limpieza, la lavandería, hasta las compras por un cargo adicional. Se encoge de hombros. Trabaja para mí. Puedes quedarte todo el tiempo que necesites, tú lo sabes, ¿verdad, Christian?

_ Sí, ya lo sé. Él es mi hermano. Gracias, Elliot.

Yo tiro mi maleta en la esquina de la sala de estar. Ya me siento enjaulado aquí adentro. Menos mal que no estoy pensando en pasar mucho tiempo aquí.

_ Vamos, dice, hay un bar al final de la calle que vende buena cerveza de importación. Algunas chicas universitarias van a pasar el rato allí,  los chicos también, añadió, levantando las cejas. Elliot aún no está seguro de si soy o no soy gay, pero esto es lo más cerca que ha llegado a hacerme una pregunta directa.

El bar está lleno de gente y ruido. Curiosamente, esto me ayuda a pensar. Elliot habla más sobre sus planes para la construcción Grey. Estoy algo sorprendido. Él, obviamente, ha pasado un montón de tiempo pensando en esto y él tiene en mente un negocio mejor si le conceden el crédito correspondiente. Él tiene su capital inicial de mamá y papá y está persiguiendo un contrato que podría abrirle las puertas. Está emocionado y hambriento,  que puedo decir. Por primera vez veo que tenemos más en común que el amor por el senderismo y la vela. En realidad estoy jodidamente orgulloso de él.

Voy con mi segunda cerveza y Elliot se encuentra en su quinta cuando me doy cuenta de que un par de chicas con buenas tetas nos están mirando desde el otro lado de la barra. Una es rubia y curvilínea y sé que ella es del tipo de Elliot. Ha mantenido a la familia entretenida con un gran chorro de atractivas novias rubias. Su amiga tiene demasiado maquillaje y el pelo teñido con dureza. Pero no me importaría si fuera Claudia Schiffer, tampoco estaría interesado.

¿Por qué no entonces? Me digo a mí mismo. He decidido que no voy a someterme a Elena nunca más. Pero la verdad es que esta mujer no hace que sienta nada en mí. Nada de ella me interesa. Y las cosas no han terminado entre Elena y yo aún.  Tengo que hablar con ella.

_ ¡Hola, muchachos!, dice la rubia, con valentía caminando hasta estar al lado de nuestros taburetes y apoyada en la barra, mostrando una cantidad indecente de escote. Ella nos observa, tratando de decidir con cuál de nosotros se va a quedar.

_ Bueno, hola, dice Elliot. ¿Podemos mi hermano y yo invitarles  algo de beber?

¡Vete a la mierda, Elliot!  Le doy una mirada que trituraría el  hormigón, pero él me guiña el ojo.

_ ¿Hermanos? ¡Qué lindo es eso! No se parecen en nada.

_ Yo soy el más apuesto, dice Elliot lo que les hace reír.

Siento los pasos de la del pelo teñido hasta que se pone a mi lado. Su proximidad me pone nervioso. Me pongo de pie automáticamente y le ofrezco mi taburete. Ella lo toma, mirándome con todo el aliento y la mirada de una hembra en celo. ¡Búscate una vida! Le grito en mi mente.

_ Elliot, ¿me prestas tu auto?

_ ¿Qué?

_ ¿Me prestas el coche sólo por un par de horas?

Frunce el ceño, pero me entrega las llaves.

_ ¿Estás bien, hermano?

_ Por supuesto. Sólo tengo que salir de aquí. Nos vemos más tarde, Elliot. Y… protégete.

Él sabe lo que le estoy diciendo y sonríe. _ Seguro, hermanito. No me esperes despierto.

La niña teñida me pone mala cara, pero realmente no me importa nada, perra tonta. Si ella supiera como soy realmente ya llevaría corriendo más de un kilómetro y sin mirar hacia atrás. Le estoy haciendo un favor.

Camino de vuelta a casa de Elliot y subo a su coche en el garaje subterráneo. Tomo un par de respiraciones profundas y saco mi celular. Tengo que hablar con Elena, aún no he recibido ningún mensaje de ella. Ella responde a la segunda llamada.

_ ¡Christian! ¿Por qué diablos me estás llamando?

_ Tengo que verte. Ahora.

_ ¿Qué?

_ Ya lo has oído, Elena. ¿Estás en casa?

_ ¿Estás en Seattle? Me pregunta ella.

_ Estoy allí en 10 minutos.

_ ¿Qué demonios está pasando?

No me molesto en colgar antes de que ella lo haga, sonriendo para mis adentros. Ella va a estar realmente molesta ahora. ¡Listo para el desafío!

 

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