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Capítulo 3

Me despierto gritando. Otra pesadilla de mierda. ¿Cuándo, cuándo se detendrán? Cristo, están empeorando.

Cuando empiezo a sentarme todos mis músculos protestan. De camino hacia el baño me miro a mí mismo. Todavía estoy completamente vestido desde mi encuentro con Elena en el club. Me deshago de mi camiseta empapada por mi sudor y coloco el espejo de afeitar en ángulo, así me veo en el espejo del baño principal. Mi espalda es un desastre, en media docena de lugares se me ha roto la piel. Ella nunca había hecho esto antes, va a pasar más de un par de semanas antes de que desaparezcan las marcas.

Salgo de mis jeans y veo que las marcas de la caña continúan por la parte posterior de las piernas. Mierda. No voy poder llevar pantalones cortos. Me pregunto si voy a tener que cortar la práctica de remo por un tiempo. Y el kickboxing. Va a parecer muy extraño hacer eso con una camiseta de manga larga y pantalones largos.

Siento una rabia atroz por lo que Elena me ha hecho. Esto es nuevo. Siempre he disfrutado de su maldad delante de otra persona: o más bien, siempre me pareció una manera aceptable para estar cerca de alguien. Ayer por la noche no fue aceptable: dejó que esa mujer me tocara. Joder, odio ser tocado.

Niego con la cabeza. Es difícil pensar en todas estas sensaciones extrañas, sobre todo a las cuatro de la mañana. Vago dentro de mi pequeño apartamento, con una gran sensación de ansiedad, me siento enjaulado. Tal vez una ducha me ayudará a calmarme.

Siento las  picaduras de agua caliente en muchos lugares, pero a la vez siento alivio también. Cuando la corriente de masaje se enfría, me tambaleo de la ducha  para tumbarme boca abajo en la cama, pero no  me duermo.

Al romper el amanecer me pongo un par de pantalones de chándal y una sudadera. Mis músculos están doloridos, pero al menos el dolor en mi culo es menor. Creo que todo el entrenamiento ayuda. Corro lentamente por el parque tratando de poner mis pensamientos en orden. No sé si Elena se encuentra todavía en la ciudad y si está pensando en verme esta noche. Al pensar en ella, mi polla hace lo que hace siempre, pero estoy irritado con la respuesta de mi cuerpo. No quiero pasar por lo que ella me ha hecho pasar la última noche de nuevo. El tacto es un límite duro. No. No voy a dejar que me haga eso otra vez. NUNCA.

Dejo de correr al darme cuenta de mis pensamientos, de aquella revelación, y es que yo no quiero ser sumiso para Elena nunca más. No quiero ser un sub nunca más. Tengo que tener el control de mi vida  ¡Joder necesito tener el control! Así nunca nadie me puede tocar. De repente, la imagen de Shelly revolotea en mi mente. Me imagino su cara dulce,  jodida con el placer y el dolor amarrada, ¡mierda, dándole unos azotes! Sí, eso es lo que quiero. Quiero dominar a las mujeres. Aunque tal vez Shelly no es una idea tan buena. Necesito a alguien ya en la escena.

Empiezo a correr de nuevo, dejando que el calor del ejercicio me invada. En el momento que vuelva a mi apartamento, mi decisión está tomada. No más Elena. A menos que… es una idea loca, pero tal vez… a menos que ella quiera ser una sumisa para mí. ¿Se decidirá por eso? No lo puedo imaginar, pero tal vez. Ya veremos. Decido mandarle un mensaje a ella, a pesar de que va en contra de sus reglas cuidadosas.

* ¿Dónde estás? Tengo que verte otra vez. C. *

Voy a ducharme y vestirme de nuevo rápidamente con cuidado, una camisa blanca de manga larga con los puños abrochados para ocultar los moretones. Recojo mis libros para la clase y recuerdo que dejé colgada a Shelly anoche. Estábamos a punto de terminar, por lo que no nos debe tomar mucho tiempo ordenar nuestro trabajo. Y yo podría ser capaz de ir a la práctica de remo si me pongo bandas de sudor sobre mis muñecas y uso pantalones largos. Kickboxing está definitivamente descartado, aunque la idea me hace enojar.

Estúpidamente me he olvidado de la profesora Mathers. Ella está esperando por mí cuando entro a la sala de conferencias.

_ Me gustaría verte en mi oficina ahora, Sr. Grey, dice ella con su rostro severo.

Algunos de los otros estudiantes levantaron la vista ante su tono serio. En la parte trasera de la sala de conferencia puedo ver  a Shelly que me mira mientras se está mordiendo el labio. Voy a tener que explicar las cosas, bueno, al menos dar algún tipo de explicación.

Yo paso dentro de la oficina de la profesora Mathers mientras cierra la puerta. Me recuerda las veces que fui expulsado por pelear cuando tenía 15 años, antes de que Elena tomara el control de mi vida.

_ Por favor, siéntate, Christian, dice en voz baja.

¡Oh, no mejor llámeme Sr. Grey!

Me siento en la silla frente a ella, echándome hacia atrás, vestido con mi máscara de arrogancia. Es la cara que más irrita a la gente. Mi lenguaje corporal es pasivamente agresivo.

Ella levanta las cejas cuando me mira. Ella está confundida. Sé lo que está pensando: anoche sumiso y ahora muy diferente.

_ ¿Estás bien?

_ Estoy bien, gracias.

_ No estabas muy bien anoche.

Ella deja la frase colgada, pero como ella no me ha hecho ninguna pregunta, no me molesto en contestar.  Yo sólo la miro.

_ La mujer con la que estabas anoche… ¿ella es tu novia?

Casi me río. Elena definitivamente no es mi novia. Sé que la profesora Mathers está pensando en sus deberes pastorales hacia un estudiante, pero tengo que cerrar este tipo de preguntas.

_ No me gusta hablar de mi vida privada, profesora.

Ella suspira. Es lo suficientemente inteligente como para ver que esto no va a ninguna parte.

_ Bueno, Sr. Grey, espero que sepa que puede hablar conmigo si tiene alguna preocupación.

Esto va mejor. Su mirada se endurece y se mueve incómodamente en su silla.

_ Al ser su tutor personal, es mi responsabilidad profesional de informar a las autoridades de cualquier comportamiento que conlleve un riesgo para uno de mis alumnos.

¡Mierda! ¡Ella va en serio!

_ Y por lo que vi anoche… eso es ciertamente el caso con usted.

_ Yo no necesito su ayuda.

Mi voz está tranquila, pero puedo sentir como el control se escapa de mí, desbocado, galopando en una montura de ira.

_ Yo creo que sí, responde ella. Voy a hacer una recomendación formal para que hable con la Dra. Weitz, nuestra consejera, esta mañana. No es negociable. Esto es una gran pérdida de tiempo. Me pongo de pie y la miro fijamente antes de darme marcharme.

_ ¡Déjeme jodidamente en paz! No necesito esto. ¡No necesito nada de esto! Me voy de aquí. Y me dirijo fuera de su oficina, dejándola sin habla.

He dicho las palabras que se han estado produciendo en mi cabeza desde hace un tiempo. He perdido la motivación de Harvard, estoy aburrido de los límites que tienen para ofrecerme. Quiero salir al mundo real y poner en práctica todo lo que he aprendido en la teoría y poner en uso todos mis talentos dados por Dios. Él no me hizo un puto genio sin ninguna razón.

_ ¡Christian!

Arrugo mi gesto. No me gusta la gente que usa mi nombre de pila. Cuando volteo es Shelly, por supuesto.

_ ¿Qué? Ella palidece con mi tono.

_ ¿Estás bien? Te fuiste tan de repente anoche y te ves un poco perturbado.

_ Estoy bien, gracias. Pero tendrás que completar la tarea de la profesora Mathers con otra persona.

_ ¿Por qué?

Su voz suena tranquila y me duele haberla tratado tan mal,   bajo mis ojos hacia ella suavizando mi postura enojada ligeramente.

_ Porque he decidido dejar Harvard, le confieso, casi amablemente.

Sus ojos se abren en estado de shock.

_ Pero ¿por qué? ¿No estarás teniendo problemas con tus calificaciones?

Sonrío hacia ella. ¡Oh no, nena, no hay problema! Me encojo de hombros.

_ He tenido suficiente.

_ Pero anoche… ella tartamudea y yo le frunzo el ceño. Anoche fue… muy bien, dice ella, vacilante.

Siento que voy a poner los ojos en blanco, pero no sería cortés.

_ ¡Cuídate, Shelly!, le digo por encima de  mi hombro mientras me alejo.

Conduzco de regreso a mi apartamento, empaqueto toda mi jodida mierda, libros en su mayoría,  CDs, y la ropa, y lo llevo a una empresa de transporte para enviarlo a mi casa. Cancelo el alquiler de mi apartamento y escribo una breve carta a la administración de Harvard. No voy a volver. Llevo  mi Ford a un concesionario de coches usados y acepto la segunda oferta que me hacen.

Una hora más tarde, estoy esperando en el aeropuerto para tomar un vuelo con dirección a Seattle. Mando un mensaje a Elliot y le pido que me vaya a buscar cuando aterrice, a las 7am. Él va a pensar que he vuelto a casa para un descanso de fin de semana. No hay necesidad de difundir la buena nueva de que he desertado, aún es demasiado pronto. Sé que va a ser una gran pelea con mis padres. Van a tratar de hablar conmigo y convencerme. Ellos no tendrán éxito. Odio la idea de que ellos se van a molestar mucho, especialmente  mi madre, pero tengo que hacer esto.

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