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Capítulo 1

_ ¡Grey! ¡Grey!

¡Mierda! Yo ya estaba a kilómetros de distancia. ¿Quién me llama? Oh, Daniels de nuevo, el más antiguo miembro del equipo de remo y pronto a graduarse en su maestría. Puedo adivinar lo que quiere, pero es totalmente inadecuado para mí.

_ Todos vamos a tomar una copa en el Riverman. ¿Vienes?

_ No, gracias. Voy a correr.

Él me mira con asombro y sacude la cabeza con incredulidad.

_ Eres una maldita máquina, Grey, dice y se va dejándome solo.

Así es como me gusta. Y sé lo que está pensando, que no soy un jugador en equipo, que soy un bicho raro. La verdad es que no tengo ganas de salir a correr, no después de dos horas de práctica de remo intensiva. Tengo que trabajar duro para mantenerme al día con el resto del equipo, para ser mejor que ellos. Aunque soy ágil, sigo siendo el más bajo, el más ligero y el más joven en el equipo. Creen que soy duro porque siempre voy a correr después de una sesión de entrenamiento. Tal vez lo sea, mis “sesiones” con Elena me han enseñado a soportar muchas cosas, a ocultar lo que siento. Yo estoy follando duro, nadie del equipo creería lo que puedo soportar. Tampoco hay manera de que pueda ducharme al mismo tiempo que el resto de ellos, no con las marcas que me deja la caña de Elena por toda la espalda y por mi culo. Sonrío para mis adentros. Eso, sin duda, levantaría algunas cejas.

Mi sonrisa desaparece. Es todavía difícil dejarla en Seattle, incluso después de casi dos años en Harvard. No la veo desde hace más de tres o cuatro semanas, empiezo a sentirme desconcentrado, en conflicto conmigo mismo. Sé que mis padres siguen preocupados por mí, no les gusta que esté aquí solo. Es jodidamente irritante, no paran de preguntarme si tengo “amigos”. Creen que podría volver a beber, volver otra vez a las malas andanzas de una forma u otra. Eso no va a suceder: Elena me ha enseñado disciplina, en mi mente y en mi cuerpo. Estoy aquí para trabajar. Eso es todo. Pero cada vez es más difícil, nada fácil. No sé por qué.

Llevo un par de kilómetros corriendo, decido, lentamente, ir de vuelta al vestuario del club de remo. Me despojo de mi camiseta sudorosa y con gratitud dejo correr el agua caliente sobre mí. Agua caliente, estar limpio,  estos son placeres que nunca me cansaré de ellos. Tal vez sea porque no siempre los he tenido. Sacudo la cabeza y relajo los músculos de los hombros para disipar la memoria.

Al cerrar el grifo Jeff Williams, el número cuatro, me está mirando con horror.

_ ¿Qué le pasó a tu espalda, hombre?

¡Mierda! Él ha visto los resultados del trabajo práctico de Elena. Estoy jodidamente furioso conmigo mismo por haber sido tan descuidado. Debí haber comprobado que todos se habían ido.

Lo miro sin inmutarme. He perfeccionado esta mirada desde los 15 años. Esa mirada que esconde lo que estoy pensando y que incomoda muy seriamente a la gente.

No puede mirarme a los ojos ya y los baja abruptamente. Agarro una toalla porque todavía está mirándome, directo a mi pecho en este momento. ¿Está lo suficientemente cerca para ver mis cicatrices? No lo sé, pero la idea me hace fruncir el ceño. Yo no quiero su lástima, no quiero ni necesito compasión de nadie. Esto no es de su jodida incumbencia. Sé que Williams es gay y es por eso que nunca se va con los demás a una de sus borracheras y de sus juergas mujeriegas. Yo tampoco, Elena me molería a palos si lo hiciera. Pero me doy cuenta de que él cree que soy gay, también. Es por eso que él me está esperando esta noche. Me gustaría que dejara de mirarme así, hay horror en su rostro y compasión en sus ojos, me está haciendo enojar.

Miro hacia atrás, manteniendo mi rostro tan inexpresivo como sea posible, pero mis ojos le intimidan y da un paso hacia atrás.

_ Lo siento, amigo. Yo sólo…

No puede terminar la frase, él mira hacia otro lado. Lanzo la toalla en una cesta y tiro de mis pantalones vaqueros y una camiseta, luego me siento a ponerme los calcetines y las botas. El silencio se extiende entre nosotros, yo no lo voy a romper. Meto mi equipo en mi bolsa de deporte y salgo en silencio. Estoy fuera de la puerta cuando oigo que me siguen.

_ Christian, yo…

Lo ignoro y sigo caminando. Además, tengo una cita con ese inútil alienista que mi madre y mi padre insisten que vea. Era una de sus condiciones cuando me metí en una escuela a casi cinco mil kilómetros de casa.

Este último era un idiota “terapeuta oyente”. Se supone que debo sentarme y hablar a la libre asociación. Al diablo con eso. Es al tercer especialista  que he visto en los últimos dieciocho meses. Éste es un completo idiota. Me senté en silencio durante la primera sesión, mientras él esperaba a que yo hablara. No lo hice. Así que ahora  piensa que es una batalla de voluntades, él piensa que me voy a romper y empezar a hablar con él. No lo haré, por supuesto. No tengo nada que decir a ese idiota de mierda. Me siento mal porque mis padres están pagando por este patético espacio de tiempo pero si dejo de ir, ellos interferirán y yo no quiero eso.

Además, me gusta estar aquí, en la medida de lo que me gusta estar en cualquier lugar. Nadie me molesta, no por ahora. Los primeros meses como estudiante de primer año en Harvard fueron jodidamente horribles, la gente me miraba todo el tiempo. Sí, sí, es sólo una cara bonita sobre una concha fea. Nadie querría llegar a conocerme. Varias de las chicas más valientes han intentado que me una a sus grupos para tomar alguna bebida, o para obtener ayuda con sus estudios o incluso sólo me han ofrecido sexo. Me negué a todas. Yo no quiero a ninguna de ellas, yo sólo quiero a Elena. Ahora me dejan en paz, aunque todavía me miran. Es irritante, pero eso es todo.

La enseñanza es variada, algunos profesores son buenos, en cambio otros son sorprendentemente mediocres. Pensé que Harvard me iba a impulsar un poco más, he conseguido bastante bien explorar mis límites en los últimos cinco años y medio. O mejor dicho Elena ha hecho bien en hacerme explorar mis límites. Aquí nadie ha llegado a saber, ni por casualidad, dónde están mis límites.

Odio que mis padres estén pagando por mis estudios aquí porque eso significa que todavía tienen control sobre mí. Me encanta follar duro, y saben qué,  ellos no saben nada sobre el verdadero yo, y yo trabajo muy duro para que siga siendo así.

Mi profesor favorito es la Profesora Mathers. Es profesora de Finanzas del Comportamiento y Macroeconomía. Es sencilla, inteligente y justa. Ella no se anda con tonterías, si no trabajas en su clase, te quedas fuera. No hay segundas posibilidades. A algunos de los otros estudiantes no les gusta el ritmo que ella marca, pero ella se adapta a mí, nadie más puede mantenerme el ritmo. Ella es una de esas personas que enseña porque cree en la transmisión de conocimientos a partir de la experiencia, no es una de esas personas que viven en su torre de marfil que nunca ha tenido éxito en el mundo real. Ella también es lesbiana lo que es un alivio, porque significa que ella no está intimidada o deslumbrada por mi aspecto. Puedo confiar ciegamente en lo que ella me da.

Así que me sorprendió cuando, más tarde esa semana, después de otra sesión sin sentido con el psiquiatra de mierda, ella me pide que vaya a su oficina después de clase. Yo me he lucido en su última prueba, otra vez, y ella se ha puesto más recta con cada ensayo que he escrito para ella. Pero no estoy contento con la última misión que nos ha dado, porque  nos pide que trabajemos con un compañero de estudio. ¿Qué somos, niñatos de cinco años? ¡Por el amor de Dios! Yo no necesito ayuda de nadie y estoy seguro como la mierda que no necesito un amigo. Ya he tomado mi decisión de trabajar solo a pesar de lo que ella diga.

_ Sr. Grey, si pudiera tener un momento de su tiempo, por favor.

Nunca ningún profesor ha pedido hablar conmigo frente a frente, por lo que estoy preocupado.

Ella me dice ‘por favor’, pero sé que no es una petición, reconozco ese tono al instante. Los otros estudiantes me miran cuando salen de la sala de conferencias. Nunca la habían visto hablarme a mí de esa manera.

Cuando el último estudiante ha abandonado la sala. Ella me señala  una silla frente a su escritorio.

_ Bueno,  Sr. Grey, fue  una interpretación muy interesante la que me dio sobre las consecuencias de la pérdida de las finanzas en su último trabajo. Un pensamiento muy original. Me gustó mucho.

_ Gracias.

Estoy sorprendido por el cumplido, pero contesto educadamente. Siempre educado.

_ Hay un gran potencial en usted, Sr. Grey, de eso no tengo ninguna duda. Personas como usted son necesarias para conducir el futuro industrial de este país. Ahora bien, ¿ha decidido quién será su socio para esta próxima misión?

Por la expresión de su rostro ya sabe la respuesta. Yo veo a dónde va esto y estoy sorprendido. Yo no creo que la profesora sea tan tonta para emparejarme con alguien sólo porque piense que soy un ser solitario. Yo soy una persona solitaria, pero es por decisión propia, por amor de Dios. Ella tiene la mirada impasible, sonriéndome con una irritante leve sonrisa de mierda. Sigo manteniendo mi cara cuidadosamente en blanco. Observo mientras ella entrecierra sus ojos.

_ El papel de un líder es guiar a la gente, no para retenerlos Sr. Grey. Aunque brillante, tiene que ser capaz de trabajar con la gente. Estoy asumiendo que usted no ha seleccionado un socio para trabajar.

Ella toma mi silencio como una afirmación. Somos perturbados por un suave golpe en la puerta y ella asiente con la cabeza a alguien por encima de mi hombro.

_ Bueno, entonces, me he tomado la libertad de seleccionar un socio adecuado para usted. Adelante, Srta. Hill. Estábamos discutiendo la última asignación.

Shelly Hill entra. La reconozco. Ella se sienta en la parte trasera de mi clase de Macroeconomía. Ella no habla por hablar, eso me gusta. En realidad no la he mirado con atención antes, pero ahora lo hago. Ella tiene el pelo largo, castaño y ojos color avellana. Ella está vestida con pantalones vaqueros baratos y una holgada camiseta. Ella se ve enojada. Ella debe saber por qué está aquí y ella no está feliz con eso tampoco.

_ Srta. Hill, ¿conoce usted al Sr. Grey? Él va a ser su socio para la próxima misión. Estoy segura de que disfrutarán de trabajar juntos. Gracias a ambos por su tiempo.

Ella nos está despidiendo. ¡Mierda! Es hora de hablar.

_ ¡Profesora Mathers!, prefiero terminar la asignación yo solo y creo que la señorita Hill también es lo que quiere.

La Profesora me sonríe con frialdad.

_ Estoy segura de que eso es así, pero acabo de explicarles que ese no será el caso en esta ocasión. Y no me gusta tener que repetirme, Sr. Grey. Buen día.

Me pongo de pie sin decir una palabra y abro la puerta para la silenciosa Srta. Hill, cortésmente,  lo que le permite salir antes que yo. La sigo y al  salir y cierro la puerta.

En el pasillo, ella me mira como si fuera un jodido experimento científico que ha salido mal. Buena idea, cariño, porque no hay nada normal en mí.

_ Eso que nos dijo, ella dice, levantando una ceja delicada. Créeme, no tengo ganas de trabajar contigo tampoco, pero parece que no tenemos otra opción.

Suspiro.

_ No es nada personal. Yo prefiero trabajar solo.

_ Como yo, responde ella.

Nos miramos el uno al otro y poco a poco aparece un pálido rubor en las mejillas. Sí, sí, es la respuesta habitual. Ella mira hacia otro lado.

_ Vamos a tomar un café, murmura, así podremos dividir el trabajo para que podamos vernos tan poco como sea posible.

No hay punto en ser una mierda.

_ Buena idea. Sonrío y ella me da una sonrisa de alivio.

Ella se dirige al comedor, un lugar que normalmente evito en la medida de lo posible.

_ ¿Por qué se siente como si todo el mundo nos estuviera mirando?, susurra.

Me encojo de hombros. Me da igual. Ya me he acostumbrado a ello. Personas vacías impresionadas por mi apariencia exterior, sin preocuparles lo que hay bajo mi piel. Le pido una taza de café y lo llevo a una mesa vacía. Se ruboriza de nuevo. Cristo. Espero que no vaya a empezar a tener sentimientos hacia mí, por lo que le lanzo una mirada irritada. Ella cuadra sus pequeños hombros y me mira desafiante. Me hace sonreír y  me mira con asombro antes de que ella comience a sonreír. Las mujeres por lo general no me hacen sonreír, esto es una novedad.

Ella niega con la cabeza.

_ Vamos a dividir esto,  le digo rápidamente. Podemos hacer la introducción juntos,  esta noche, si estás libre y entonces yo hago de la sección una a la cuatro y tú de la cinco a la ocho. Luego nos reunimos y elaboramos el resumen.

_ Eres muy mandón, dice en voz baja.

Eso me sorprende. ¿Así soy yo?

_ Bueno, ¿qué quieres que haga?, le pregunto, irritado de nuevo.

Ella inclina la cabeza hacia un lado y me mira fijamente.

_ No, eso está bien. Solo que prefiero que me lo pidan en lugar de recibir una orden del alto mando.

No puedo evitar reírme a carcajadas y ella me sonríe tímidamente.

_ Está bien, le digo, tienes toda la razón. ¿Quieres empezar a trabajar  esta noche?

_ Por supuesto. Esta noche está bien. ¿Quieres venir a mi habitación a eso de las 19:00? Mi compañera de cuarto no está, generalmente, así que podemos trabajar.

Yo frunzo el ceño. Bueno, al menos si estoy en su habitación voy a poder marcharme cuando yo quiera.

_ Tengo una clase a las 18:30, no puedo estar allí antes las 19:45.

_ Oh. ¿Qué clase?

Me siento incómodo. No quiero contarle a esta chica la historia de mi vida, aunque ella parece como un ser humano racional.

_ Kickboxing, murmuro.

_ ¡Oh!,  dice ella de nuevo. Está bien a las 19:45.

Ella me da la dirección y su número de teléfono en un trozo de papel.

La clase de kickboxing me ha permitido soltar un poco de vapor. Toqué al instructor hasta en su culo, algo que le molestó. Yo ni siquiera estaba en mi mejor forma, estaba distraído por los pensamientos de ver a la Srta. Hill más tarde. Voy a tener que encontrar un sitio un poco más difícil para entrenar. Corro a mi apartamento y me doy una ducha rápida.

A diferencia de la mayoría de los estudiantes de primero y segundo año, yo no vivo en el campus. Sigo teniendo pesadillas y mis padres no querían que tuviera que pasar por la humillación de despertarme gritando con un compañero de cuarto que no lo sepa. Ya es bastante malo cuando sucede en casa. Es jodidamente terrible, me despierto bañado en sudor, mi corazón martillando, temblores sacuden a través de mi cuerpo. Y los recuerdos. Siempre los recuerdos. Lo único que me tranquiliza es la música.

Me dirijo a la habitación de Shelly, llego a las 19.40. Pero es una chica rubia la que abre la puerta cuando llamo. Es alta y curvilínea e impresionante pero yo no estoy interesado.

_ ¿Estás aquí para ver a Shelly? Su tono es tan perplejo como su expresión.

_ ¡Hola, soy Christian!  Shelly me llama desde el interior.

_ Entra.

La chica rubia se aparta para dejarme entrar, su expresión es francamente carnal. Estoy acostumbrado a ello, siempre es así. Por un momento, parece como si la muchacha rubia se fuera a quedar, pero luego Shelly dice: “Ten una buena noche, Hannah,” y la ofrecida chica rubia nos deja solos.

Shelly se ve nerviosa pero me relajo cuando veo los libros de texto esparcidos por la mesa y la cama. Puedo decir por su leve rubor que le da vergüenza tenerme en su habitación. Sólo hay una silla, así que siempre cortés, cambia algunos libros sobre la cama para hacer un espacio para sentarse. Su sonrojo se incrementa. Para comenzar me ofrece un café y me siento aliviado de que ella quiera trabajar, no hablar.

Estoy gratamente sorprendido por lo astuta que es. Ella es tan tranquila en clase que nunca me había dado cuenta de que  tiene un cerebro rápido y  una manera lógica de pensar. Hay un aspecto creativo en ella, también. Y, para mi sorpresa, trabajamos bien juntos. Hay mucho más en la Srta. Hill de lo que parece. De una manera suave, discreta, me parece que ella es atractiva. Por un breve instante  fantaseo pidiéndole una cita. Pero es sólo eso, una fantasía. Ninguna niña sana querría salir conmigo.

La asignación es abrumadoramente sencilla, para mí al menos. Implica mirar las historias en la vida real, de casos de empresas en bancarrota y sugiriendo cómo y por qué deben ser activadas. Es tan jodidamente obvio lo que hay que hacer, que apenas es una tarea apasionante.  Sorprendentemente, Shelly tiene pensamientos similares. No es la primera vez que me gustaría poder hacer esto de verdad, en lugar de desarrollar un proyecto sólo en papel. Me gustaría salir y trabajar realmente, pero mis padres no admitirían cualquier sugerencia que no fuera graduarme en primer lugar.

Hemos estado trabajando sólidamente durante casi una hora cuando inesperadamente, oigo mi tono de teléfono con un mensaje de texto. Supongo que es  Mía o Elliot, nadie más me envía mensajes. Pero cuando lo miro, ¡mierda! Es Elena.

***Estoy fuera de su apartamento. ¿Dónde diablos estás?***

Vete a la mierda. Estoy en problemas.

_ Me tengo que ir, le digo, poniéndome de pie rápidamente.

_ ¿Está todo bien?, pregunta Shelly, mirándome desconcertada.

_ Sí, pero me tengo que ir. Te veré en clase.

Abro la puerta y corro antes de que pueda contestar.

~~~~

1 Comment Post a comment
  1. 12/25/2013
    yina paola

    Super bueno, donde puedo ver el resto?

    Reply

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